Trucos y novedades de software que debes conocer

Última actualización: enero 2, 2026
Autor: Pixelado
  • Los sistemas operativos y servicios actuales esconden funciones y trucos que mejoran rendimiento, batería y productividad diaria.
  • Las buenas prácticas de programación y desarrollo web (divide y vencerás, control de versiones, automatización y seguridad) marcan la diferencia en cualquier proyecto.
  • La combinación de seguridad, privacidad y búsqueda eficiente es clave para moverse por Internet de forma más inteligente y proteger tus datos.
  • La computación cuántica se perfila como la gran revolución futura del software, con impacto en farmacéuticas, finanzas y optimización a gran escala.

Trucos y novedades de software

El ritmo al que se mueve el mundo del software es tan rápido que, si parpadeas, te pierdes media docena de cambios, actualizaciones y nuevas herramientas. Entre sistemas operativos que cambian sus normas, trucos para exprimir programas y servicios online, tendencias como la programación web moderna y tecnologías rompedoras como la computación cuántica, es normal sentirse un poco desbordado.

La idea de esta guía es ponértelo fácil: vamos a juntar en un solo sitio novedades clave, trucos prácticos y consejos de productividad que suelen aparecer desperdigados por mil webs diferentes. Hablaremos de Windows, iOS, Android, YouTube, Dropbox, desarrollo, seguridad, aprendizaje online y de hacia dónde apunta el futuro del software, todo con un tono cercano y ejemplos claros que puedas aplicar en tu día a día.

Windows 11, Windows 8 y otros trucos de sistemas operativos

Novedades de sistemas operativos y trucos

Uno de los grandes movimientos recientes de Microsoft ha sido fijar fecha de fin para Windows 11 SE, su versión educativa pensada para competir con ChromeOS, que dejará de recibir soporte a partir de octubre de 2026; esto significa que centros educativos y usuarios deberán planificar migraciones a otras ediciones soportadas, algo importante para no quedarse sin parches de seguridad.

El propio Windows 11 está generando bastante conversación por la forma en que limita ciertas libertades clásicas: exige TPM 2.0 como requisito de hardware y pide conexión a Internet sí o sí para completar la instalación de las ediciones Home y Pro, aunque existen formas de saltarse estas restricciones que muchos administradores ya están aprovechando cuando montan equipos de prueba o máquinas virtuales.

Más allá de Windows 11, merece la pena recordar que versiones anteriores como Windows 8 siguen escondiendo funciones que ahorran tiempo: accesos rápidos desde la esquina de la pantalla, atajos de teclado para moverse entre aplicaciones y gestos táctiles poco conocidos pueden hacer que el uso diario sea mucho más fluido, especialmente en dispositivos híbridos con pantalla táctil.

En el ecosistema Apple también hay auténticos caramelos ocultos: OS X Mavericks y el Finder, por ejemplo, incorporan funciones que la mayoría de usuarios no explotan, como atajos para buscar archivos por tipo, etiquetas de colores bien configuradas y vistas personalizadas de carpetas que agilizan mucho la organización de documentos.

Incluso detalles tan mundanos como el cargador de tu MacBook tienen truco: si enrollas el cable formando una bola y lo tiras en la mochila, acabarás dañándolo; en cambio, siguiendo la forma de las pestañas del adaptador y enrollando el cable con curvas amplias y sin doblarlo en ángulos cerrados, la vida útil del cargador aumenta muchísimo, y tu bolsillo lo agradece.

Trucos de programación y buenas prácticas para desarrolladores

En el terreno del código, hay una serie de principios que se mantienen útiles pese a que cambien lenguajes, frameworks y modas. Uno de los más efectivos es el enfoque de dividir los problemas: aplicar la estrategia de “divide y vencerás” al diseño y solución de funcionalidades ayuda a enfrentar proyectos grandes sin volverse loco, al trocear una tarea inmensa en piezas sencillas, probables y reutilizables.

Un clásico ejemplo es el sistema de autenticación de una aplicación: en lugar de abordarlo como un bloque monolítico, conviene partirlo en módulos como el almacenamiento seguro de contraseñas, la gestión de sesiones y la validación de datos de entrada; trabajando cada pieza por separado, localizar errores resulta más rápido y el código final queda más limpio y modular.

La legibilidad es otro pilar que mucha gente subestima: no basta con que el código funcione, también tiene que poder entenderse sin dolor de cabeza. Usar comentarios que expliquen el porqué de las decisiones técnicas (y no lo obvio) y nombres de variables o funciones descriptivos marca la diferencia entre un proyecto colaborativo sano y un infierno de mantenimiento.

En la práctica, esto se traduce en evitar nombres genéricos como var1 o temp y apostar por identificadores que digan claramente qué guardan, como totalCost o userAge; de igual forma, un comentario debería explicar que se usa búsqueda binaria por eficiencia en listas ordenadas, en vez de aclarar que una función “suma dos números”.

Otra fuente habitual de mejora está en el uso profundo del IDE: la mayoría de entornos modernos, como Visual Studio Code, IntelliJ o PyCharm, incluyen atajos que ahorran horas de trabajo, con acciones como duplicar líneas, buscar en todo el proyecto o lanzar refactorizaciones con un par de teclas, además de extensiones para autocompletado avanzado y análisis estático.

En proyectos medianos y grandes, el control de versiones ya no es opcional: Git se ha convertido en el estándar de facto, permitiendo llevar un historial detallado de cambios, crear ramas para nuevas características y colaborar en equipo sin miedo a pisarse trabajo, siempre que se acompañe de commits pequeños y mensajes claros que expliquen qué se ha cambiado y por qué.

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Automatizar tareas repetitivas también es una señal de madurez como desarrollador: en lugar de repetir a mano la cadena de comandos para compilar, ejecutar tests y desplegar, es mejor escribir un script o configurar scripts en package.json que encadenen build, pruebas y publicación, reduciendo errores humanos y acelerando el flujo de trabajo día tras día.

La depuración es otro arte que conviene pulir: apoyarse solo en console.log o print para todo está bien al principio, pero tarde o temprano hay que aprender a sacar partido de los depuradores integrados en el IDE, con puntos de ruptura, inspección de variables y ejecución paso a paso que permiten localizar fallos complejos en una fracción del tiempo.

Si queremos ir un poco más allá en calidad, las pruebas unitarias son obligatorias: frameworks como JUnit, PyTest o Jest facilitan construir una batería de tests que garantice que las funciones críticas se comportan como deben, incluso cuando refactorizamos o añadimos nuevas funcionalidades, algo que se potencia todavía más si seguimos enfoques como TDD escribiendo primero la prueba y luego el código.

La optimización también forma parte del trabajo, aunque no conviene caer en la obsesión prematura: una vez que la funcionalidad está estable, hay que revisar si existen bucles innecesarios, estructuras de datos ineficientes o algoritmos mal elegidos, y cambiar listas por diccionarios o conjuntos cuando las búsquedas sean frecuentes, reduciendo tiempos de respuesta y consumo de recursos.

Al final, todo esto se sostiene en una base sólida de algoritmos y estructuras de datos: saber cuándo conviene usar un array, una lista enlazada, una pila, una cola o un hashmap marca la diferencia entre una aplicación que va justa y otra que responde con soltura, especialmente en contextos donde la escalabilidad y el rendimiento son clave.

Por encima de cualquier truco concreto está la actitud de aprendizaje continuo: el sector del desarrollo no deja de moverse y, si uno deja de formarse, se queda desfasado; seguir blogs técnicos, documentaciones oficiales, cursos online y experimentar con nuevas herramientas es la única forma de seguir siendo relevante como programador a medio y largo plazo.

Desarrollo web moderno: trucos, tendencias y filosofía de trabajo

En desarrollo web, la sensación de «framework nuevo cada semana» es bastante real: aparecen librerías prometiendo ser el siguiente gran cambio, pero antes de montarse en cada moda conviene dar un paso atrás y pensar si realmente encaja con lo que necesitamos; la clave está en adoptar tendencias con cabeza y no perder de vista los fundamentos de HTML, CSS y JavaScript, que siguen siendo el pilar de cualquier sitio o aplicación.

Frameworks modernos como Svelte o Solid.js aportan enfoques muy eficientes y ligeros, y merece la pena probarlos en proyectos personales o pilotos; eso sí, incluso cuando juguemos con estas herramientas, conviene mantener claro que un dominio sólido del JavaScript “de base”, del modelo de cajas en CSS y de la semántica HTML es lo que de verdad nos convierte en desarrolladores web versátiles.

Uno de los mayores signos de profesionalidad es la obsesión por el usuario, no solo por el navegador: las personas que visitan nuestra web no piensan en SSR, APIs REST o hidrata­ciones, simplemente quieren páginas rápidas, accesibles, que se vean bien en su móvil y que no les hagan perder el tiempo con cargadores eternos, menús confusos o formularios misteriosos.

Herramientas como Lighthouse de Chrome ayudan a medir el rendimiento, la accesibilidad y las buenas prácticas de una página: a partir de sus informes podemos ajustar tamaños de imágenes, cambiar formatos a WebP, activar lazy loading en recursos pesados y reducir JavaScript innecesario que castiga sobre todo a móviles de gama baja, donde cada kilobyte cuenta.

Automatizar el flujo de construcción del front también libera muchas horas: configurar Webpack, Gulp o Vite para compilar, minificar, empaquetar módulos y recargar automáticamente el navegador permite centrarse en el código en lugar de hacer tareas repetitivas, y con unos simples scripts en package.json es posible iniciar el servidor de desarrollo, lanzar el build de producción y ejecutar tests con comandos cortos y fáciles de recordar.

El entorno de desarrollo en sí importa más de lo que parece: un VS Code bien configurado con extensiones como Prettier para el formateo, Live Server para ver cambios en tiempo real y GitLens para visualizar el historial de cada línea hace que el día a día sea mucho más llevadero, porque reduce roces, errores tontos y fricciones con el repositorio.

En materia de seguridad, el desarrollo web no puede vivir de espaldas a los riesgos: bastan un par de descuidos en la validación de entrada o en la configuración de cabeceras para abrir puertas a ataques comunes, así que conviene integrar medidas como una Content Security Policy bien definida, revisiones periódicas con herramientas tipo OWASP ZAP y prácticas básicas contra XSS y SQLi desde el principio del proyecto.

La documentación también forma parte del producto, especialmente cuando hablamos de APIs o librerías de componentes: una API sin documentación clara es casi inusable, por muy potente que sea, de ahí que herramientas como Swagger faciliten generar y mantener especificaciones que describan endpoints, parámetros y respuestas, mientras que Storybook ayuda a catalogar y probar visualmente componentes de interfaz en aislamiento.

Por último, la colaboración efectiva es clave en cualquier equipo serio: usar Git de forma disciplinada, mantener ramas claras, escribir mensajes de commit que realmente expliquen el cambio y seguir flujos como Git Flow contribuye a que varios desarrolladores puedan trabajar en paralelo sin caos, reduciendo conflictos y sorpresas al integrar nuevas funcionalidades.

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Productividad y trucos con servicios y dispositivos del día a día

Más allá del código, hay toda una capa de trucos de software que marcan la diferencia en el uso diario de herramientas y dispositivos: hablamos de gestionar mejor la nube, recortar anuncios molestos, organizar archivos y sacar más partido a servicios que muchos usamos por encima, como si fueran mucho más simples de lo que en realidad ofrecen.

En el ámbito móvil, la batería sigue siendo el talón de Aquiles: los smartphones han ganado potencia y capacidades pero las baterías no han avanzado al mismo ritmo, así que hay que cuidar el consumo ajustando brillo de pantalla, conectividad, actualización en segundo plano y apps que se pasan el día despiertas, tanto en Android como en iOS, donde existen configuraciones específicas para limitar procesos que drenan energía sin que te des cuenta. Si te preocupa el calor del dispositivo, consulta consejos sobre el sobrecalentamiento del iPhone y cómo mitigarlo.

iOS, por ejemplo, esconde muchas funciones poco visibles que resultan muy útiles: accesos rápidos en el Centro de Control, ajustes de accesibilidad que mejoran el uso diario, gestos de navegación, respuestas rápidas desde notificaciones y opciones de privacidad que conviene revisar para que el sistema trabaje a tu favor, y no al revés.

Si te compras un iPhone nuevo, dedicar un rato inicial a configurarlo bien tiene recompensa: restaurar copias de seguridad con criterio, activar solo las notificaciones imprescindibles, ajustar los permisos de localización y configurar servicios como iCloud, Llavero o copia de fotos hace que el móvil ofrezca una experiencia equilibrada entre comodidad, consumo de batería y privacidad desde el primer día.

En Android también hay atajos poco conocidos que ahorran minutos a diario: widgets bien elegidos en la pantalla de inicio, automatizaciones con herramientas como atajos o perfiles, y un menú de ajustes rápidos personalizado permiten activar y desactivar funciones habituales en segundos, evitando bucear en menús infinitos para tareas rutinarias como cambiar de red o activar el modo de ahorro.

Otro clásico del día a día es YouTube, donde la publicidad puede convertirse en un quebradero de cabeza: existen diferentes técnicas para reducir o eliminar anuncios, desde extensiones de bloqueo en el navegador hasta configuraciones específicas y pequeños trucos con la URL, que permiten disfrutar de los vídeos con menos interrupciones, especialmente si ves mucho contenido formativo o de trabajo.

El propio YouTube tiene “superpoderes” ocultos con simples cambios en la dirección del vídeo o el uso de atajos de teclado, que facilitan acciones como empezar la reproducción en un minuto concreto, repetir fragmentos, extraer solo el audio o controlar la reproducción desde el teclado sin tocar el ratón, algo muy práctico cuando estás tomando notas o trabajando en paralelo.

En fotografía y vídeo también hay margen para la creatividad sin grandes inversiones: con algo de ingenio se pueden grabar planos sorprendentes usando cámaras sujetas a objetos cotidianos como cometas, taladros o bolas de plástico, o mejorar las fotos de atardeceres siguiendo unos cuantos trucos de encuadre y exposición que funcionan igual con una réflex que con la cámara del móvil.

Incluso las tabletas Android pueden convertirse en casi un PC: con un teclado externo cómodo, un ratón o trackpad y algunas apps específicas de ofimática y productividad, una simple tablet puede servir para escribir, responder correos, editar documentos y gestionar tareas con una experiencia mucho más cercana a la de un portátil, siempre que se configure bien la multitarea y las notificaciones.

En macOS, el Finder es el gran olvidado pese a ser la puerta de entrada a todos tus archivos: configurarlo con vistas personalizadas, atajos de teclado para moverse entre carpetas, etiquetas de colores coherentes, búsquedas avanzadas con filtros y saber cómo poner contraseña a una carpeta permite encontrar cualquier documento en segundos, en lugar de perder tiempo navegando a mano por jerarquías de carpetas eternas.

Seguridad, privacidad y búsqueda de información eficiente

La seguridad en Internet se ha convertido en una preocupación masiva desde que casos de espionaje masivo salieron a la luz: mucha gente se pregunta qué puede hacer para protegerse, y aunque no existe la invulnerabilidad, sí hay un conjunto de medidas que reducen significativamente la cantidad de datos expuestos y el nivel de seguimiento al que estamos sometidos al navegar.

Entre esas medidas destacan el uso de conexiones cifradas siempre que sea posible, el cuidado con los permisos que concedemos a apps y extensiones, y la adopción de herramientas como VPNs de confianza, gestores de contraseñas y autenticación en dos pasos para servicios sensibles, lo que eleva mucho la dificultad para que alguien acceda a nuestras cuentas incluso si obtiene una clave. También conviene informarse sobre cómo protegerte frente a estafas y fraudes comunes en servicios de pago.

Los smartphones juegan un papel importante en esta ecuación porque rastrean buena parte de nuestra actividad física: tanto Android como iOS almacenan historiales de ubicaciones para ofrecer servicios como rutas, recomendaciones locales o información meteorológica precisa, pero si esto incomoda, es perfectamente posible desactivar el registro sistemático de tu localización desde los ajustes de privacidad del sistema y de cada app.

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Otro frente clave es la higiene básica de navegación: limitar la instalación de plugins desconocidos, desconfiar de ventanas emergentes que prometen soluciones milagrosas y revisar periódicamente los permisos de acceso a cámara, micrófono y datos de ubicación en el móvil pone barreras sencillas pero efectivas frente a muchas formas de rastreo y abuso de información.

Google, además de ser el motor de búsqueda más usado, esconde atajos que permiten encontrar lo que quieres sin dar tantas vueltas: operadores como comillas para buscar frases exactas, el signo menos para excluir términos, la búsqueda en un sitio concreto o conversores y calculadoras integradas en la propia barra son pequeños trucos que, una vez interiorizados, ahorran tiempo en cada consulta.

En paralelo, nuestra relación con el software también pasa por aprender nuevas habilidades: hay herramientas y aplicaciones gratuitas para aprender idiomas online que facilitan estudiar a tu ritmo, desde ejercicios de vocabulario y gramática hasta prácticas de conversación; usando aplicaciones bien diseñadas con constancia, es posible avanzar en un idioma sin pisar una academia, lo que abre la puerta a perfiles profesionales más versátiles.

La clave en este terreno es la disciplina: da igual que uses aplicaciones de renombre o plataformas modestas, si eres constante y aprovechas ratos muertos con el móvil para repasar, escuchar audios o hacer ejercicios interactivos, el software se convierte en un aliado poderoso para la formación continua, especialmente cuando el tiempo y el presupuesto son limitados.

Futuro del software: la informática cuántica en el horizonte

Cuando hablamos de novedades de software de verdad transformadoras, la computación cuántica se lleva muchos focos: durante años ha sonado a promesa lejana, teóricamente impresionante pero muy poco práctica, sin embargo los últimos avances están acercando cada vez más las aplicaciones reales, sobre todo en entornos empresariales que planifican en plazos largos como farmacéuticas, finanzas o logística.

A diferencia de los ordenadores clásicos, que trabajan con bits en estados 0 o 1, los ordenadores cuánticos usan qubits capaces de existir en superposición y entrelazarse, lo que les permite realizar ciertos tipos de cálculos de forma exponencialmente más rápida que los sistemas tradicionales, abriendo posibilidades en problemas de optimización, simulaciones complejas y criptografía.

La industria farmacéutica ya está explorando estos beneficios: el descubrimiento de fármacos implica modelar interacciones moleculares a un nivel de detalle brutal, algo que con métodos clásicos puede llevar años, mientras que algoritmos cuánticos prometen reducir drásticamente los plazos y los costes de desarrollo, acelerando la llegada de nuevos tratamientos al mercado en colaboración con empresas tecnológicas como IBM, Google o Rigetti.

Los impactos económicos previstos son enormes: diferentes análisis estiman que la computación cuántica puede generar valor en ámbitos como química, ciencias de la vida, finanzas y movilidad, con cifras que se cuentan en billones a medio plazo, además de permitir nuevas formas de optimizar cadenas de suministro, mejorar modelos financieros y desarrollar materiales revolucionarios para baterías o superconductores.

La inversión privada y pública ya refleja esa apuesta: el mercado de tecnologías cuánticas tiene previsiones de crecimiento millonarias, con miles de millones de euros destinados a startups del sector, cientos de empresas involucradas y programas gubernamentales que superan la barrera de los mil millones, mientras el mundo académico sostiene este impulso con decenas de másteres especializados y casi doscientas universidades que albergan grupos de investigación cuántica.

El volumen de innovación también se ve en los números: en solo un año se conceden miles de patentes relacionadas con tecnologías cuánticas y se publican decenas de miles de trabajos de investigación, lo que indica que la carrera por lograr dispositivos estables, algoritmos útiles y aplicaciones comerciales está avanzando más rápido de lo que muchos imaginan, pese a que el gran público aún lo vea lejano.

Eso no significa que todo sean fuegos artificiales: persisten retos complicados como la inestabilidad del hardware, la corrección de errores, el escalado de qubits útiles y la necesidad de crear algoritmos cuánticos realmente ventajosos frente a las mejores técnicas clásicas, obstáculos que obligan a una colaboración estrecha entre físicos, ingenieros y expertos en software.

Aun con esas dificultades, la computación cuántica se diferencia de otras tendencias porque no se limita a hacer lo mismo un poco más rápido, sino que obliga a replantearse la propia noción de computación: cuando estas tecnologías maduren, muchos sectores que hoy dependen de simulaciones lentas y aproximaciones heurísticas podrían cambiar de paradigma, por lo que conviene seguir de cerca su evolución aunque aún no forme parte de nuestro día a día como usuarios o desarrolladores.

Todo este recorrido, desde los requisitos polémicos de Windows 11 y las funciones escondidas en móviles o servicios online, pasando por los trucos de programación y desarrollo web, hasta las preocupaciones de seguridad y el salto conceptual de la computación cuántica, muestra que el software es un ecosistema vivo en el que conviven pequeños atajos que nos facilitan la vida diaria con grandes cambios de fondo, y mantenerse al tanto de ambos niveles —los trucos prácticos inmediatos y las tendencias que marcarán el futuro— es la mejor forma de sacar partido real a la tecnología sin que sea ella la que nos lleve a rastras.

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