- Las vulnerabilidades web surgen por errores de código, componentes desactualizados y configuraciones inseguras que facilitan ataques como XSS, inyección SQL o CSRF.
- Gran parte del riesgo se reduce aplicando buenas prácticas: validar entradas, usar TLS moderno, cabeceras de seguridad, políticas de contraseñas fuertes y cookies bien configuradas.
- OWASP Top 10 y enfoques DevSecOps ayudan a priorizar riesgos y a integrar la seguridad en todo el ciclo de desarrollo, con pruebas continuas y gestión estricta de dependencias.
- La actualización constante de software y la formación de usuarios y equipos técnicos son esenciales para minimizar el impacto de nuevas vulnerabilidades y ataques dirigidos.
La seguridad de un sitio web se ha convertido en un tema tan crítico como poco visible en el día a día. Mientras tú ves páginas, formularios y botones, por debajo hay una enorme cantidad de código, configuraciones de servidor y componentes externos que, si no se cuidan, pueden abrir la puerta a un ciberataque serio.
Cuando hablamos de vulnerabilidades de seguridad en sitios web nos referimos a fallos, errores de diseño o malas configuraciones que un atacante puede aprovechar para robar datos, modificar contenido, tumbar un servicio o incluso hacerse con el control total de una aplicación. Entender qué tipos de vulnerabilidades existen, cómo se explotan y qué medidas aplicar es clave para que tu web no acabe siendo la próxima noticia desagradable.
Qué es una vulnerabilidad web y por qué debería preocuparte

Una vulnerabilidad web es una debilidad o fallo en una aplicación, en su servidor o en alguno de sus componentes (frameworks, librerías, plugins, APIs, etc.) que puede ser utilizada por un atacante para ejecutar acciones no autorizadas. Estas acciones pueden ir desde leer datos que no debería ver hasta ejecutar código arbitrario en el servidor.
Estas brechas pueden encontrarse tanto en el código propio de la aplicación como en las configuraciones de hosting, en el servidor web, en los certificados TLS o en bibliotecas de terceros. Muchas veces el problema no es una sola vulnerabilidad grave, sino una combinación de errores sencillos que, juntos, permiten un ataque devastador.
Los sitios web son un objetivo muy atractivo porque están expuestos públicamente, por eso es importante saber cómo evitar sitios web falsos y navegar con seguridad, suelen reutilizar componentes de código abierto que pueden arrastrar fallos conocidos y se desarrollan con mucha presión por salir rápido a producción, lo que hace que la seguridad se deje para “más adelante”. Además, los cambios constantes en el código provocan que una revisión anual sea claramente insuficiente.
Para tener una idea más clara del panorama, organizaciones como OWASP publican el Top 10 de riesgos críticos en aplicaciones web, basado en datos reales de pruebas de seguridad y en encuestas a profesionales. Este listado es una referencia básica para priorizar esfuerzos y saber en qué puntos suelen fallar la mayoría de proyectos.
Principales vulnerabilidades en sitios web que afectan a empresas

En auditorías reales de aplicaciones se observan una y otra vez los mismos problemas. Muchas de estas debilidades coinciden con el OWASP Top 10 y con informes de cientos de pruebas de penetración realizadas cada año. A continuación se recogen las vulnerabilidades más habituales, cómo se explotan y qué se puede hacer para mitigarlas.
Inyección SQL y otras formas de inyección
La inyección SQL se produce cuando una aplicación concatena directamente datos proporcionados por el usuario dentro de una consulta SQL, sin validarlos ni parametrizarlos. Esto permite que el atacante modifique el significado de la consulta, por ejemplo añadiendo comillas, operadores lógicos o incluso varias sentencias.
Con una inyección bien construida, un atacante puede leer, modificar o borrar tablas completas, crear usuarios con privilegios elevados o eludir controles de autenticación. Aunque se ha reducido su presencia en muchas aplicaciones modernas, sigue siendo crítica allí donde aparece.
Más allá de SQL, existen otras formas de inyección (comandos de sistema operativo, LDAP, NoSQL, plantillas, etc.) que comparten el mismo patrón: entrada no saneada que se interpreta como código en lugar de como simple dato.
Para reducir al mínimo este riesgo, resulta imprescindible usar consultas parametrizadas o sentencias preparadas, escapar adecuadamente los caracteres especiales donde sea necesario y nunca construir consultas concatenando cadenas. También ayuda aplicar el principio de mínimo privilegio en la base de datos, evitando que la cuenta usada por la web pueda realizar operaciones destructivas innecesarias.
Cross-Site Scripting (XSS) reflejado y almacenado
El Cross-Site Scripting (XSS) permite a un atacante inyectar código ejecutable en el navegador de otro usuario a través de la propia aplicación legítima. Normalmente se trata de JavaScript, pero también puede ser HTML malicioso u otros tipos de contenido activo.
En su variante XSS reflejado, la aplicación devuelve de inmediato al navegador parte de la entrada del usuario sin desinfectarla (por ejemplo en un buscador que muestra el término buscado). Si el atacante convence a la víctima para hacer clic en un enlace preparado, el script se ejecuta al cargarse la página.
En el XSS almacenado, el código malicioso se guarda en el servidor (en una base de datos, un comentario, un perfil de usuario, etc.) y se sirve sin sanear cada vez que otros usuarios visitan esa sección. Esta forma es especialmente peligrosa porque el atacante puede infectar a múltiples víctimas sin interacción directa con cada una.
Con XSS se pueden robar cookies de sesión, secuestrar cuentas, cambiar el contenido mostrado, redirigir a webs maliciosas o lanzar ataques más complejos desde el navegador de la víctima. Para mitigarlo se deben sanear y escapar todas las entradas que se vayan a insertar en el HTML, establecer una política de Content Security Policy (CSP), evitar JavaScript inline siempre que sea posible, usar cookies con atributos HttpOnly y Secure y apoyarse en frameworks modernos que ya vienen con defensas contra XSS por defecto.
Cross-Site Request Forgery (CSRF)
El CSRF consiste en engañar a un usuario autenticado para que su navegador envíe una petición que modifica el estado de la aplicación (transferir dinero, cambiar un correo, eliminar una cuenta) sin que el usuario sea consciente. El truco está en que el navegador envía automáticamente las cookies de sesión con cada petición a ese dominio.
El atacante coloca un formulario oculto, un enlace o una imagen especialmente preparada en una web controlada por él, en un correo o incluso en un anuncio. Si la víctima está logueada en la aplicación objetivo y carga ese contenido, el navegador envía la petición maliciosa al servidor, que la trata como si fuese una acción legítima del usuario.
Para defenderse, es fundamental incluir tokens CSRF aleatorios y específicos de sesión en todos los formularios y peticiones que modifiquen datos, comprobar el origen de las solicitudes (cabecera Referer u otras técnicas complementarias) y marcar las cookies con el atributo SameSite apropiado. Muchas plataformas y frameworks ya incluyen protecciones CSRF que solo hay que activar y configurar correctamente.
Clickjacking
En un ataque de clickjacking, el atacante carga la página legítima dentro de un <iframe> transparente o parcialmente visible y superpone elementos engañosos. De este modo, cuando el usuario crea estar pulsando un botón inocente, en realidad está interactuando con la web objetivo (por ejemplo aprobando una transacción o cambiando un ajuste de seguridad).
Se ha visto clickjacking en paneles de administración, redes sociales y aplicaciones de banca online. Es un vector relativamente sencillo de montar si el sitio no se protege adecuadamente frente a su inclusión en iframes de otros orígenes.
Las mitigaciones pasan por añadir cabeceras de respuesta como X-Frame-Options o por definir una política CSP con frame-ancestors que restrinja desde qué dominios se puede embeber el sitio. También se pueden aplicar técnicas de “frame-busting” en el lado cliente, aunque hoy en día se recomienda priorizar las defensas basadas en cabeceras.
Ciberataques de fuerza bruta y gestión de autenticación débil
Los ataques de fuerza bruta y de relleno de credenciales se basan en probar de manera masiva combinaciones de usuario y contraseña hasta acertar. Hoy en día estos ataques se automatizan fácilmente y se apoyan en listas filtradas de credenciales reales, lo que los hace especialmente efectivos contra aplicaciones con contraseñas débiles o sin límites de intentos.
Si además el sitio usa políticas de contraseñas pobres, no aplica multifactor, no invalida sesiones correctamente o permite sesiones demasiado largas, la probabilidad de compromiso se dispara. La autenticación y la gestión de sesiones siguen siendo uno de los puntos críticos en casi cualquier aplicación.
Entre las medidas recomendadas destacan exigir contraseñas robustas y únicas, habilitar métodos de autenticación multifactor en operaciones sensibles, limitar los intentos de login por IP o usuario, introducir retrasos progresivos, bloquear cuentas tras varios fallos y notificar actividad sospechosa al usuario. También conviene almacenar las contraseñas empleando algoritmos de hashing fuertes como bcrypt, Argon2 o PBKDF2.
Desbordamiento de búfer y errores de gestión de memoria
El desbordamiento de búfer aparece cuando un programa intenta escribir más datos de los reservados en una zona de memoria concreta. En lenguajes sin gestión automática de memoria (como C o C++) esto puede sobrescribir regiones adyacentes y acabar permitiendo la ejecución de código arbitrario.
Aunque a primera vista parezca algo más propio de software de escritorio o de sistemas embebidos, muchas librerías utilizadas por aplicaciones web (parsers XML, módulos de imagen, compresores, etc.) están escritas en C y pueden arrastrar este tipo de fallos. Un ejemplo reciente es la vulnerabilidad CVE-2026-25210 en libexpat, donde un cálculo incorrecto del tamaño del búfer al reubicar etiquetas, sin controlar el desbordamiento de enteros, podía desembocar en problemas de memoria.
La mitigación requiere una combinación de buenas prácticas de desarrollo (comprobación de límites, uso de funciones seguras), despliegue de mecanismos de protección en el sistema operativo (ASLR, stack canaries, DEP) y un trabajo constante de actualización de librerías cuando se publican parches de seguridad.
Componentes vulnerables y bibliotecas JavaScript desactualizadas
Buena parte del código de una web moderna no lo escribe el propio equipo de desarrollo: proviene de frameworks, paquetes NPM, plugins, librerías front-end y otros componentes externos. Si estos no se mantienen al día, se convierten en una puerta de entrada cómoda para el atacante, tanto en entornos locales como en la actividad en el cloud y la ciberseguridad.
En numerosas auditorías se detectan cientos o miles de casos de bibliotecas JavaScript antiguas o sin mantenimiento, algunas de ellas con vulnerabilidades conocidas que permiten XSS, denegaciones de servicio o exposición de información sensible. Lo mismo ocurre con plugins de CMS como WordPress, Joomla o Drupal que llevan años sin actualizarse.
Para controlar este riesgo es necesario llevar un inventario completo de dependencias, usar herramientas automáticas de escaneo (SCA) que avisen de vulnerabilidades conocidas, revisar el estado de mantenimiento de las librerías críticas y planificar migraciones cuando un componente quede obsoleto. Actualizar con frecuencia no es opcional: es una de las principales barreras frente a ataques de cadena de suministro.
Configuraciones de servidor inseguras y encabezados HTTP ausentes
Un número enorme de problemas de seguridad tiene su origen en una mala configuración del servidor o del propio software de la aplicación: servicios innecesarios habilitados, puertos abiertos de más, cuentas por defecto sin cambiar, listados de directorio activos o mensajes de error que revelan detalles internos.
En muchos servidores se observan cabeceras que delatan la tecnología exacta y su versión (por ejemplo, el banner de Apache o Nginx, o la versión de un framework). Esta información hace que al atacante le resulte trivial buscar vulnerabilidades concretas contra ese software.
Del mismo modo, se omiten a menudo cabeceras de seguridad que mitigarían otros ataques: Content-Security-Policy para reducir XSS, X-Frame-Options para clickjacking, Strict-Transport-Security para forzar HTTPS, X-Content-Type-Options: nosniff para evitar confusiones MIME, políticas de Referrer-Policy o directivas de caché adecuadas para datos sensibles.
Revisar y endurecer estas configuraciones, deshabilitar módulos innecesarios, ocultar banners de versión e implantar las cabeceras recomendadas y elegir un VPS de calidad para tu proyecto web es una de las formas más baratas y efectivas de subir el nivel de seguridad general de una web.
Uso de protocolos TLS inseguros y conexiones HTTP sin cifrar
Seguir sirviendo contenido a través de HTTP sin cifrado o mantener activos protocolos antiguos como TLS 1.0 y 1.1 expone las comunicaciones a ataques de intermediario, escuchas y manipulación de tráfico.
En pruebas masivas de configuración SSL se han detectado miles de casos todavía utilizando TLS 1.0 y 1.1, pese a estar deprecados y considerados inseguros por los principales navegadores y estándares. Esto se traduce en canales de comunicación más débiles para credenciales, cookies y datos sensibles.
La solución pasa por desactivar por completo TLS 1.0 y 1.1, permitir solo TLS 1.2 y 1.3, elegir conjuntos de cifrado robustos, implementar HSTS para forzar HTTPS y comprobar regularmente la configuración con herramientas como SSL Labs. Un buen uso de TLS ya no es un extra: es un requisito mínimo.
Cookies sin atributos de seguridad adecuados
Las cookies de sesión son el corazón de la autenticación web, y sin embargo muchas aplicaciones siguen sin establecer atributos como Secure, HttpOnly o SameSite en ellas. Esto facilita ataques de secuestro de sesión mediante XSS, sniffing de tráfico o CSRF.
Una cookie sin Secure puede viajar en texto claro si en algún momento se accede al sitio por HTTP; sin HttpOnly, es accesible desde JavaScript, algo muy jugoso para un XSS; sin SameSite, es mucho más sencillo explotar CSRF en contextos específicos.
Revisar cómo se generan y se envían las cookies, asegurar que se emiten solo sobre HTTPS, que no son accesibles desde scripts cuando no sea estrictamente necesario y que incluyen una política SameSite coherente con el flujo de autenticación es un paso sencillo con mucha repercusión en la resistencia del sistema.
Subida de archivos y ejecución de código malicioso
Las funcionalidades que permiten a los usuarios subir archivos (imágenes, documentos, adjuntos) son una mina para los atacantes si no se protegen bien. El problema no es solo que puedan subir malware, sino que intenten ejecutarlo en el servidor o usarlo para acceder a otras áreas del sistema.
Entre los fallos más típicos está aceptar cualquier tipo de archivo sin comprobar el contenido real, permitir extensiones ejecutables, guardar los ficheros en directorios accesibles públicamente sin restricciones o asignar permisos excesivos a las carpetas de subida.
Para mitigarlo se recomienda restringir los tipos de archivo permitidos, validar tanto la extensión como el tipo MIME, limitar el tamaño, almacenar los ficheros fuera del árbol público cuando sea posible, deshabilitar permisos de ejecución en esos directorios y pasar los archivos por un antivirus fiable antes de procesarlos. El uso de una CDN para servir contenidos estáticos puede añadir una capa extra de aislamiento.
Mensajes de error demasiado detallados y fuga de información
Otro error muy extendido es dejar activos en producción mensajes de error verbosos pensados para desarrollo. Stack traces, nombres de tablas, rutas internas de archivos, versiones de componentes, código de error 500 o fragmentos de configuración pueden aparecer en pantalla para cualquier usuario que provoque una excepción.
Aunque parezca una tontería, esta información simplifica enormemente el trabajo del atacante a la hora de localizar puntos débiles, ajustar payloads o encadenar vulnerabilidades que, de otro modo, serían mucho más complicadas de explotar.
En un entorno real conviene mostrar solo mensajes genéricos al usuario y registrar los detalles técnicos en sistemas de logging internos, protegidos y con el nivel de acceso adecuado. Además, es recomendable revisar que los logs no almacenen datos excesivamente sensibles en claro (por ejemplo números completos de tarjeta o contraseñas) y aplicar técnicas de enmascaramiento o cifrado cuando proceda.
Otras amenazas frecuentes en la seguridad web
Más allá de las vulnerabilidades ya comentadas, las aplicaciones web se ven afectadas por ataques de red y malware más clásicos que siguen plenamente vigentes: suplantación de identidad (phishing), ransomware, virus y gusanos, spyware, ataques DDoS, salto de directorios o inclusión de archivos remotos y locales.
Los ataques de denegación de servicio distribuida (DDoS) buscan saturar la capacidad de respuesta del servidor con un volumen masivo de peticiones o con solicitudes que consumen muchos recursos, dejando la web inaccesible para usuarios legítimos. Normalmente se mitigan con soluciones específicas de red (firewalls, servicios anti-DDoS en la nube, balanceadores) más que con cambios en el código.
Los ataques de phishing y el malware orientado al robo de información atacan directamente al usuario final, el eslabón más débil de la cadena. Aquí la mejor defensa pasa por campañas de concienciación, políticas internas sensatas y controles técnicos complementarios como filtros de correo, listas negras y autenticación reforzada.
OWASP Top 10 y visión moderna de los riesgos
La lista OWASP Top 10 sintetiza las categorías de riesgo más importantes observadas en aplicaciones reales. La versión más reciente agrupa problemas que van más allá de bugs puntuales para hablar de diseño inseguro, fallos de integridad o problemas de registro y monitorización.
Entre las categorías más destacadas se encuentran el control de acceso roto (cuando se puede acceder a recursos o funciones sin autorización adecuada), las fallas criptográficas (uso de algoritmos inseguros, mala gestión de claves, passwords codificadas a fuego), los componentes vulnerables u obsoletos, los errores de configuración de seguridad y las fallas de autenticación.
También se pone el foco en la integridad de los datos y del software, señalando la importancia de asegurar la cadena de suministro, el pipeline de CI/CD y las actualizaciones automáticas, así como en las fallas de registro y monitorización, que impiden detectar y responder a incidentes a tiempo.
Una categoría interesante es la falsificación de solicitudes del lado del servidor (SSRF), donde la aplicación se convierte en un proxy involuntario que permite al atacante acceder a recursos internos que, en teoría, solo deberían ser visibles desde la propia red corporativa. El caso de Capital One es un ejemplo famoso de cómo una SSRF mal gestionada puede tener consecuencias enormes.
Buenas prácticas, DevSecOps y papel del usuario
En los últimos años muchas organizaciones han empezado a integrar la seguridad dentro del ciclo de desarrollo, adoptando enfoques de DevSecOps donde los controles se automatizan y se ejecutan de forma continua, no solo justo antes de salir a producción.
Esto implica introducir herramientas de análisis estático y dinámico en los pipelines de CI/CD, realizar pruebas de penetración periódicas, formar a los desarrolladores en buenas prácticas de seguridad y establecer políticas claras sobre la gestión de dependencias, la revisión de código y la respuesta ante vulnerabilidades.
Igual de importante es la dimensión humana: el usuario suele ser el punto más frágil, por eso conviene disponer de un checklist personal de ciberseguridad. Sin una mínima cultura de ciberseguridad, cualquier estrategia técnica se queda corta. Enseñar a reconocer correos sospechosos, a no reutilizar contraseñas, a gestionar accesos con cabeza y a respetar los procedimientos internos marca la diferencia.
En el terreno de los CMS, especialmente WordPress, el riesgo se concentra muchas veces en temas y plugins de terceros desactualizados. Mantener el núcleo, los complementos y los temas al día, eliminar los que no se usan, controlar qué se instala y disponer de copias de seguridad automáticas es básico para evitar disgustos.
En definitiva, la seguridad de un sitio web se construye sumando pequeñas decisiones bien tomadas: elegir protocolos modernos y configuraciones correctas, actualizar componentes, sanear entradas, reforzar la autenticación, limitar el impacto de los errores y formar a las personas que usan y mantienen la plataforma; no existe la protección perfecta, pero sí es posible elevar el listón lo suficiente como para que atacar tu web deje de ser interesante para la gran mayoría de ciberdelincuentes.