- Dispositivo híbrido entre pulsera de fitness y reloj inteligente con 10 sensores integrados.
- Compatibilidad multiplataforma con sistemas operativos Windows Phone, Android e iOS.
- Lanzamiento de dos generaciones con funciones avanzadas de salud, GPS y monitorización de sueño.
- Cese definitivo de producción y soporte técnico en octubre de 2016.
A veces, los gigantes tecnológicos se lanzan a aguas desconocidas con proyectos que parecen destinados a revolucionar el mercado, aunque el resultado final sea agridulce. Así ocurrió con la Microsoft Band, un dispositivo que intentó borrar la línea entre un monitor de actividad física y un reloj inteligente, buscando conquistar a aquellos usuarios que querían llevar un control estricto de su salud sin renunciar a la conectividad total.
Este gadget no nació por casualidad, sino que fue el fruto de una mezcla curiosa entre la tecnología de videojuegos y la necesidad personal de algunos empleados de Redmond por combatir el sedentarismo. De hecho, el proyecto se gestó en los pasillos de la división de accesorios de Xbox, donde la experiencia con el sistema Kinect sirvió de base técnica para crear algo que pudiera llevarse puesto en la muñeca durante todo el día.
El origen del Proyecto K y su desarrollo
Todo empezó alrededor del año 2010. Zulfi Alam, una pieza clave en los accesorios de Xbox, se dio cuenta de que su estilo de vida se había vuelto demasiado sedentario al acercarse a los 40. Esta inquietud personal, sumada a la pasión de otros compañeros por el CrossFit y los maratones, hizo que la idea de un dispositivo fitness cobrara fuerza. Así surgió el «Project K», una iniciativa para trasladar los sensores de movimiento fuera de la consola y llevarlos directamente al brazo del usuario.
Aunque el hardware avanzaba rápido gracias a la luz infrarroja y la tecnología óptica, el equipo se dio cuenta de que una pulsera que solo sirviera para hacer deporte no sería suficiente para atraer a las masas. Microsoft es, en esencia, una empresa de productividad, por lo que decidieron que la Band debía permitir recibir alertas, correos y mensajes, integrándose perfectamente con el móvil, ya fuera este un Windows Phone, un Android o un iPhone.

Características técnicas y sensores
La primera versión de la pulsera llegó al mercado estadounidense el 29 de octubre de 2014, con un precio de 199 dólares. Estéticamente era una banda de goma negra con una pantalla táctil TFT de 1,4 pulgadas y una resolución de 320×106 píxeles. A pesar de no tener botones físicos, la interfaz de «tiles» (estilo Windows 8.1) hacía que la navegación fuera bastante fluida.
Lo que realmente hacía destacar a este dispositivo era su arsenal de sensores. Mientras que la competencia se limitaba a contar pasos, la Microsoft Band incluía diez sensores diferentes para monitorizar casi cualquier parámetro biológico y ambiental:
- GPS integrado: Permitía registrar rutas y distancias sin necesidad de llevar el móvil encima.
- Pulsómetro óptico: Ubicado en el cierre de la pulsera para medir la frecuencia cardíaca.
- Sensor UV: Capaz de analizar la intensidad de los rayos ultravioleta para proteger la piel.
- Respuesta galvánica de la piel: Un sensor GSR que medía el estrés y la intensidad de las actividades.
- Acelerómetro y girómetro: Fundamentales para contar pasos y analizar el sueño.
- Otros sensores: Micrófono para interactuar con Cortana, sensor de temperatura cutánea y sensor de luz ambiental.
Funcionalidades y ecosistema de salud
Para gestionar toda esta montaña de datos, Microsoft creó la aplicación Microsoft Health. Esta herramienta centralizaba la información y permitía descargar entrenamientos específicos que la pulsera guiaba en tiempo real, indicando repeticiones y tiempos de descanso. Además, la compañía se alió con servicios conocidos como MyFitnessPal o Runkeeper para ampliar las posibilidades del usuario.
En cuanto a la parte «smart», la integración con Windows Phone era la más completa, permitiendo el uso de Cortana mediante el micrófono integrado. Sin embargo, la batería era el punto débil; con una capacidad de 200mAh, apenas aguantaba 48 horas de autonomía, y si activabas el GPS, ese tiempo se desplomaba considerablemente, obligando al usuario a cargar el dispositivo casi cada dos días.
La evolución hacia la Band 2 y el final del camino
En abril de 2015, Microsoft intentó mejorar la fórmula lanzando la Microsoft Band 2. Este modelo subió su precio a 250 dólares e introdujo mejoras interesantes como el barómetro y un seguimiento del sueño mucho más preciso, además de una pantalla curva. No obstante, el éxito no fue el esperado, ya que la calidad de los materiales resultó ser inferior, provocando que la empresa tuviera que sustituir muchas unidades gratuitamente.
El mercado de los wearables se volvió extremadamente competitivo con la llegada del Apple Watch y la consolidación de Android Wear. Microsoft, que ya estaba sufriendo con sus teléfonos, decidió que no era rentable seguir luchando en este frente. El 3 de octubre de 2016, la compañía discontinuó oficialmente la producción y el soporte de la Band, y poco después, la aplicación móvil dejó de funcionar, convirtiendo a estas pulseras en meros objetos de colección.
La Microsoft Band fue un experimento ambicioso que logró reunir una cantidad impresionante de sensores en un espacio reducido, intentando unir la productividad laboral con el bienestar físico. Aunque terminó siendo un producto efímero que desapareció de las tiendas debido a las bajas ventas y problemas de calidad, dejó constancia de la capacidad de Redmond para innovar en hardware más allá de los ordenadores y las consolas.