- La reparabilidad de un móvil depende de su diseño interno, disponibilidad de piezas, calidad de las guías y ausencia de bloqueos por software.
- Marcas como Fairphone y Shiftphones lideran la reparabilidad con diseños modulares, mientras que Samsung, Motorola y algunos Pixel mejoran gracias a la presión normativa.
- Estudios de iFixit y Electronics Hub señalan modelos concretos muy fáciles (Moto G7, Galaxy A40, Fairphone 3) y otros especialmente difíciles como el Google Pixel 7.
- Elegir un móvil reparable alarga su vida útil, ahorra dinero y reduce residuos electrónicos, alineándose con el derecho a reparar impulsado por la UE.

El mundo del smartphone se ha ido complicando hasta el punto de que, cuando el móvil se apaga solo o algo falla, muchas personas optan por comprar móvil nuevo antes que arreglar el que ya tienen. Pantallas pegadas con adhesivos imposibles, tornillos propietarios y chasis sellados han convertido la reparación casera en una odisea… pero no todo está perdido.
En los últimos años han aparecido marcas y modelos que nadan a contracorriente y apuestan por diseños fáciles de abrir, piezas disponibles y guías de reparación para el usuario. A esto se suma la presión regulatoria en Europa y el auge del derecho a reparar, que está obligando incluso a los gigantes como Apple, Samsung o Google a mover ficha y pensar en la reparabilidad a largo plazo.
Cómo saber si un móvil es fácil de reparar antes de comprarlo
Si hace unos años elegir un móvil reparable era casi una lotería, hoy contamos con indicadores bastante fiables que permiten valorar la reparabilidad antes de pasar por caja. No hace falta ser técnico para entenderlos, basta con fijarse en algunos sellos y recursos clave.
El primero es el Índice de Reparabilidad europeo, un sistema que nació en países como Francia y que se ha ido extendiendo al resto de la Unión Europea dentro del etiquetado de eficiencia. Asigna una nota del 1 al 10 a cada dispositivo en función de lo fácil que es desmontarlo, lo claras que son las guías oficiales, la accesibilidad a las piezas y, muy importante, el precio de los recambios respecto al coste total del terminal.
Además del índice europeo, hay una referencia que se ha ganado la confianza de la comunidad: las puntuaciones y guías de iFixit. Esta web desmonta los principales móviles del mercado, documenta cada paso con fotos y explica dónde están las trampas: tornillos raros, exceso de pegamento, módulos soldados que impiden cambiar una pieza sin afectar a otras, etc.
Otro criterio que marca la diferencia es la disponibilidad de manuales y piezas originales o de calidad equivalente. Si la propia marca vende recambios en su web (o a través de socios oficiales) y ofrece manuales de reparación gratuitos, estamos ante un buen candidato. En cambio, si no hay forma de encontrar piezas genuinas o las instrucciones parecen escritas para desanimar, mala señal.
Por último, hay que tener en cuenta un factor del que se habla cada vez más: el bloqueo por software o serialización de componentes. Incluso en móviles físicamente fáciles de abrir, algunos fabricantes programan el sistema para rechazar pantallas, cámaras o baterías que no estén “aprobadas” por sus servidores, lo que puede limitar funciones o lanzar avisos constantes al usuario.

Los grandes referentes: móviles concebidos para ser reparados
En el extremo de la balanza se encuentran unos pocos fabricantes cuyo modelo de negocio gira precisamente en torno a la reparabilidad, la modularidad y la sostenibilidad. Sus teléfonos se conciben casi como un puzle, con módulos que se desmontan con un destornillador estándar y sin apenas pegamento.
Fairphone: el icono de la reparación fácil
Fairphone, empresa de origen neerlandés, se ha convertido en el referente absoluto cuando se habla de móviles fáciles de reparar. Desde su primer modelo en 2013, la compañía ha apostado por materias primas de zonas libres de conflicto y por teléfonos reciclables, duraderos y, sobre todo, reparables.
La filosofía de la marca se plasma en terminales como el Fairphone 2, Fairphone 3, Fairphone 4 y el más reciente Fairphone 6, todos ellos con diseño modular que permite cambiar pantalla, batería, puerto USB y cámaras en casa. En algunos modelos antiguos ni siquiera hacía falta herramienta para desmontar la pantalla: en cuestión de un par de minutos podías tener el móvil abierto.
Modelos como el Fairphone 3 han llegado a ser considerados “el móvil más fácil de reparar del mundo” según iFixit, con puntuaciones cercanas o iguales al 10/10. El Fairphone 6 mantiene esa línea y presume de no usar adhesivos invasivos, recurriendo a tornillos estándar y módulos independientes que se sustituyen uno a uno.
Más allá de la parte técnica, Fairphone sostiene que alargar la vida útil del dispositivo tiene un impacto ambiental brutal: según sus datos, mantener un teléfono dos años más reduce alrededor de un 30% sus emisiones de CO2 asociadas. No es casualidad que haya recibido premios como el German Environmental Award y que cuente con una comunidad muy activa, especialmente en países como Alemania.
En ciudades como Aquisgrán o Hamburgo, usuarios voluntarios organizan encuentros de reparación donde se ayudan unos a otros a abrir y arreglar sus Fairphone. El objetivo no es montar un negocio, sino compartir conocimientos y perder el miedo a levantar la tapa trasera, algo que muchos usuarios ya ni se plantean con otros modelos.
Shiftphones: la alternativa modular “made in Germany”
Otra marca que apuesta fuerte por la reparabilidad es Shiftphones, una empresa familiar alemana que fabrica smartphones modulares sostenibles. El Shift 6M, por ejemplo, ha sido evaluado con una puntuación de 9 sobre 10 en reparabilidad y se sitúa al nivel de los Fairphone en facilidad de desmontaje.
Los teléfonos de Shiftphones tienen en común un enfoque claramente ético y ecológico, pero también un precio más elevado que la media y una disponibilidad limitada en tiendas convencionales. Son, igual que Fairphone, productos de nicho, aunque sus ventas han ido creciendo año a año.
El propio fundador de Shiftphones ha señalado que, si marcas como la suya y Fairphone colaborasen de forma más estrecha, ganarían volumen y podrían influir todavía más en los gigantes del sector. De momento, su efecto se nota sobre todo en el debate público sobre derecho a reparar y consumo responsable.

Móviles “normales” pero bastante fáciles de reparar
No todo el mundo quiere comprar un móvil de nicho, y muchos usuarios prefieren quedarse en marcas más conocidas como Samsung, Motorola, Google o Apple. Lo bueno es que, presionados por las leyes europeas y por la demanda ciudadana, algunos de estos fabricantes han empezado a tomarse la reparabilidad en serio.
Samsung y Motorola: los grandes tapados de la reparabilidad
Un estudio de Electronics Hub, basado en las guías de iFixit para más de 200 modelos, ha revelado que Samsung y Motorola están entre las marcas que más fácil ponen la reparación casera. Analizando el tiempo medio necesario para cada arreglo y la dificultad de las instrucciones, estos fabricantes salen muy bien parados.
De hecho, el Motorola Moto G7 aparece como el móvil Android más sencillo de reparar de los analizados, con la mitad de sus reparaciones catalogadas como fáciles y un tiempo medio de apenas 25 minutos. Para quien quiera trastear sin pasar la tarde entera, es una cifra muy a tener en cuenta.
Justo detrás se sitúan terminales como el Samsung Galaxy A40, con un 42,9% de reparaciones fáciles y unos 32,6 minutos de media, y el Samsung Galaxy S22 Ultra 5G, donde un 33,3% de los arreglos se consideran sencillos aunque el tiempo sube algo más, rondando los 48 minutos.
En gamas recientes, Samsung también ha mejorado el acceso a componentes clave como la batería en series como los Galaxy S23, reduciendo el uso de adhesivo y facilitando su extracción. Eso sí, los modelos más avanzados siguen utilizando bastante pegamento para mantener la certificación de resistencia al agua y polvo, así que abrirlos requiere calor y paciencia.
Motorola, por su parte, acumula un buen historial de móviles desmontables, desde clásicos como el Motorola Droid Bionic o el Atrix 4G hasta modelos más actuales. Buena parte de estos terminales ofrecen módulos relativamente independientes, lo que abarata y simplifica reparaciones frecuentes como cambiar pantalla o batería.
Google Pixel: luces y sombras según la generación
La gama Pixel de Google tiene una reputación algo contradictoria en materia de reparabilidad. Por un lado, los Pixel 7 y modelos próximos han sido criticados por ser muy complicados de reparar, con guías catalogadas como difíciles y un tiempo medio de reparación que supera la hora.
Sin embargo, a partir de los Pixel 8 la compañía ha empezado a corregir el rumbo, y los Pixel 8, Pixel 9 y Pixel 10 se benefician de una colaboración estrecha con iFixit. A través de esa alianza se venden piezas originales, se facilitan manuales detallados y se han introducido mejoras internas como tiras adhesivas de fácil extracción para la batería.
También se ha incorporado una app de diagnóstico nativa en Android que ayuda a comprobar el estado de los componentes antes y después de una reparación, algo muy útil si quieres asegurarte de que todo sigue funcionando tras cambiar una pieza.
Pese a estos avances, la experiencia de algunos usuarios muestra que no todos los Pixel son igual de amigables cuando toca abrirlos. Hay casos, como el de quienes han intentado reparar un Pixel 5a o un Pixel 7 en casa, donde la combinación de diseño interno y documentación ha terminado resultando una auténtica pesadilla.
Apple y el programa Self Service Repair
Apple tiene fama de hacer las cosas difíciles cuando se trata de reparaciones, pero en los últimos años ha habido cambios importantes. El rediseño estructural que llegó con el iPhone 14 y se ha consolidado en las series iPhone 15, 16 y 17 permite abrir el terminal tanto por la parte frontal como por la trasera, algo que simplifica mucho las intervenciones comunes.
A esto se suma el programa Self Service Repair, que da acceso a piezas y herramientas oficiales para ciertos modelos (empezó con iPhone 12 y 13). Aunque está orientado a usuarios con cierta soltura técnica, abre la puerta a reparar en casa con componentes originales sin pasar por el SAT.
Además, Apple se ha visto obligada a relajar la polémica serialización de piezas. Cada vez hay más margen para reutilizar componentes originales de otros iPhone (como pantallas o baterías) sin perder funciones clave ni encontrarse con mensajes de error constantes, algo que hasta hace poco era prácticamente impensable.
No obstante, los modelos más recientes de gama alta siguen estando lejos de la sencillez de un Fairphone o un viejo Nexus: los chasis de cristal, la resistencia al agua y la miniaturización juegan claramente en contra de la reparación casera.

Estudios, listas y móviles míticos por lo fáciles que son de arreglar
Más allá de los fabricantes que ya hemos mencionado, existen listas históricas de móviles especialmente sencillos de abrir y reparar. Muchos de ellos no son precisamente nuevos, pero sirven para entender cómo ha evolucionado el diseño de los smartphones.
Según las evaluaciones de iFixit, además de los Fairphone y el Shift 6M, destacan terminales como Motorola Droid Bionic, Motorola Atrix 4G, LG G5, LG G4, Xiaomi Redmi Note 3, Google Nexus 5 y Samsung Galaxy S4. Varios de ellos alcanzan puntuaciones de 9 sobre 10 en reparabilidad.
El gran “pero” es que muchos pertenecen a generaciones anteriores, en algunos casos móviles de 2011, 2013 o 2015, ya difíciles de usar hoy como teléfono principal. Esto refleja una tendencia clara: según avanzaba el diseño hacia pantallas sin marcos, cuerpos más finos y resistencia al agua, la facilidad de reparación se fue sacrificando.
Estudios como el de Electronics Hub también apuntan a qué marcas se sitúan en los extremos. Asus aparece como uno de los fabricantes con terminales globalmente más fáciles de reparar, tanto por tiempos como por dificultad de las guías, mientras que Sony suele salir peor parada, con modelos particularmente complicados de abrir y mantener.
En el otro lado, se detecta que la reparabilidad de algunos Google Pixel ha empeorado con los años, contradiciendo en parte el discurso del derecho a reparar por el que la propia Google dice apostar. Y si miramos solo los casos más extremos, el Google Pixel 7 aparece como uno de los teléfonos que más guerra dan en el banco de trabajo.
El papel de las leyes europeas y el derecho a reparar
Todos estos cambios no nacen de la nada: en buena medida responden a un contexto en el que la Unión Europea está impulsando normativas para alargar la vida útil de los productos electrónicos. Una de las más relevantes para el usuario es la obligación de garantizar reparación durante un largo periodo tras la compra.
Entre las medidas en discusión y/o aprobación se incluyen exigencias como que los fabricantes mantengan disponibilidad de piezas de repuesto durante hasta 10 años, ofrezcan reparación gratuita en los primeros años en ciertos casos y, posteriormente, faciliten el servicio aunque sea de pago.
Paralelamente, iniciativas como el “derecho a reparar” europeo buscan que no se pueda bloquear la reparación mediante software, ni dificultarla con diseños absurdamente cerrados sin justificación técnica. Esto ha empujado a grandes empresas como Apple a lanzar programas de autoreparación y a revisar sus políticas de emparejamiento de piezas.
En la práctica, este marco regulatorio, unido al aumento de la conciencia ambiental y la preocupación por los residuos electrónicos, está cambiando poco a poco la forma en que se diseñan y se venden los smartphones. No es una revolución inmediata, pero sí un giro que se empieza a notar.
Reparabilidad, medio ambiente y bolsillo: por qué importa tanto poder abrir tu móvil
Elegir un teléfono que puedas reparar fácilmente tiene ventajas mucho más tangibles de lo que parece. Para empezar, un móvil reparable tiende a durar más años en servicio, porque es viable cambiarle la batería cuando se degrade o cuando el teléfono se apaga solo, sustituir una pantalla rota o actualizar algún módulo sin tirarlo todo a la basura.
Ese extra de vida útil se traduce en un ahorro considerable a medio plazo: en vez de amortizar el gasto en dos o tres años, puedes estirarlo bastante más. Y si las reparaciones son sencillas y las piezas están disponibles, muchas las podrás hacer tú mismo o en un pequeño taller local, sin pasar por servicios oficiales prohibitivos.
El tercer pilar es el impacto ambiental. Los smartphones son parte importante de los 53,6 millones de toneladas de residuos electrónicos que se generaron en 2019 según datos de Naciones Unidas, de los que apenas se recicló un 17%. Cada teléfono que evitamos tirar a la mínima avería supone menos extracción de minerales, menos energía empleada en fabricar uno nuevo y menos basura tecnológica.
Marcas como Fairphone han demostrado con cifras que dos años adicionales de uso pueden reducir en torno a un 30% las emisiones de CO2 asociadas al teléfono. No es la solución a todos los problemas ambientales, pero sí un gesto concreto y medible que cada usuario puede hacer a través de su decisión de compra.
Por todo ello, escoger móviles fáciles de reparar y apoyar a los fabricantes que apuestan por el derecho a reparar se ha convertido en una forma muy directa de cuidar tanto tu bolsillo como el planeta, sin renunciar a un smartphone funcional y actualizado. A medida que la normativa avance y la presión de los consumidores aumente, es probable que más marcas se suban al carro y la reparabilidad deje de ser una rareza para convertirse en la norma.