- Los seguros para eléctricos requieren coberturas específicas: batería, asistencia por descarga, cable y wallbox.
- En España, terceros ampliado para eléctricos ronda 313 €; la prima depende de riesgo, taller y coberturas.
- La depreciación y el coste de batería condicionan precio e indemnizaciones; clave valorar valor de nuevo.
- Comparar, ajustar uso y aprovechar descuentos permite reducir la prima sin perder protección esencial.
La revolución de la movilidad eléctrica está cambiando no solo cómo nos movemos, sino también cómo aseguramos el coche. Frente a los vehículos de combustión, los eléctricos y los híbridos enchufables necesitan pólizas diseñadas para componentes tecnológicos específicos y nuevos usos, desde la batería hasta la infraestructura de recarga doméstica y pública.
Aunque las coberturas básicas de responsabilidad civil siguen siendo las mismas, en los seguros para coches eléctricos han surgido garantías adicionales clave que marcan la diferencia: protección de la batería de alto voltaje, asistencia por descarga, cobertura del cable y de la wallbox, e incluso defensas frente a riesgos cibernéticos. El objetivo es claro: adaptar el seguro a la realidad técnica de un vehículo conectado y electrificado.
¿Cuánto cuesta asegurar un coche eléctrico?
El precio de la prima varía según país, aseguradora y coberturas, pero ya hay datos sólidos. En España, el comparador Rastreator sitúa el seguro a terceros ampliado para eléctricos e híbridos enchufables en torno a 313 euros anuales, cifras que reflejan una caída del entorno del 7% respecto a periodos anteriores. Por su parte, asegurar un diésel ronda los 331 euros (al alza) y la gasolina se mantiene como opción más económica con unos 266 euros de media.
Fuera de España, también se observan tendencias interesantes. El Observatorio del Seguro de Segugio.it señala que, para una póliza de responsabilidad civil en Italia, el coche eléctrico se queda en torno a 453 euros/año, aproximadamente un 6,5% por debajo de la media en gasolina o diésel (484 euros). Estas diferencias confirman que, con datos reales de siniestralidad y más competencia, las primas pueden moderarse frente a la percepción popular.
Aun así, no todas las compañías se mueven igual: algunas han ajustado al alza ciertos productos en 2025 por particularidades del riesgo eléctrico. La batería, cuyo precio y coste de sustitución puede representar alrededor del 40% del valor del coche, eleva el coste potencial de un siniestro; esta realidad pesa en la tarificación, sobre todo en pólizas que incluyen valor de nuevo y altos límites de indemnización.
La foto global se completa con estudios como el de OCU, que apuntan a que, de media, los seguros para eléctricos pueden resultar un 17% más caros que para coches térmicos, y que, en híbridos enchufables medianos, el incremento ronda el 15%. La clave está en los costes de reparación y sustitución de la batería, que siguen siendo superiores a los de un motor de combustión.
Otra referencia útil es la de Check24, que distingue entre híbridos y eléctricos puros. En su clasificación, el seguro básico a terceros llega a ser un 7% más barato en híbridos que en eléctricos. Y por categorías, el orden más económico quedaría en gasolina, diésel (+4,3%), híbrido (+5,1%) y eléctrico (+12,7%), evidenciando que el tipo de propulsión sigue marcando diferencias en la prima.
Coberturas específicas que marcan la diferencia
Más allá de la RC obligatoria, una póliza para un eléctrico debe cuidar lo distintivo. En primer lugar, la protección de la batería. Es el componente crítico del vehículo, por coste y relevancia, y conviene que la cobertura abarque daños por accidente, picos de tensión, cortocircuitos o incendios. Hay pólizas que llegan a ofrecer indemnizaciones por daños totales de hasta 20.000 euros, e incluso periodos con valor de nuevo durante los primeros años para evitar la depreciación en una sustitución tras siniestro sin culpa.
También es esencial la asistencia en carretera adaptada, distinta a la convencional. Ante una descarga completa, interesa que el seguro contemple desde el kilómetro cero la recarga in situ mediante unidades móviles o el traslado en grúa hasta el punto de carga más cercano. Es una cobertura práctica que resuelve el temido “me he quedado sin batería” sin complicaciones.
Otro bloque importante es el de los sistemas de carga: cable portátil, adaptadores, conectores y la instalación de un cargador doméstico. Estos elementos, de valor apreciable y vulnerables al robo o al vandalismo, deberían quedar protegidos por la póliza frente a daños accidentales, fenómenos atmosféricos y problemas eléctricos. En algunos productos, la cobertura del cable alcanza reembolsos específicos que pueden rondar los 500 euros.
Empieza a ganar peso la protección frente a riesgos cibernéticos. El coche eléctrico es, en esencia, un dispositivo conectado, y algunas aseguradoras avanzadas ya consideran ciberincidencias que afecten a la seguridad, la carga o el software. Aunque es una cobertura emergente, puede ser un plus para quien valora la seguridad digital del vehículo.
Finalmente, conviene que la póliza defina una red de talleres certificados por el fabricante o especializados en alta tensión, con uso de recambios originales y técnicos formados. Y, si es posible, contemplar garantías de valor de nuevo durante 12-24 meses, lo que mitiga el impacto de la depreciación en caso de daño total en los primeros compases de vida del coche.
Factores que encarecen o abaratan la prima
La batería no solo es cara; su reparación o sustitución exige peritajes y procedimientos de seguridad específicos. A esto se suma la mano de obra especializada, necesaria para intervenir en alta tensión, y la disponibilidad de piezas, que puede alargar los tiempos de reparación. Todo ello tiende a presionar la prima, especialmente en modelos con componentes más costosos.
Las aseguradoras también valoran la cercanía de talleres homologados y la infraestructura de carga disponible. Si para remolcar o reparar hay que recorrer largas distancias, se disparan los costes de asistencia y logística. Por eso, en entornos con buena red técnica, es más fácil ver pólizas con primas competitivas.
Los datos de siniestralidad tienen un papel clave: a medida que el mercado eléctrico madura, las compañías disponen de estadísticas más fiables para estimar la frecuencia y severidad de los siniestros. Con menos incertidumbre, el cálculo del riesgo se ajusta y la prima puede contenerse. Este proceso ya se está notando en mercados con mayor penetración del vehículo eléctrico.
Existen, además, descuentos específicos que algunas aseguradoras aplican a vehículos de emisiones cero (del 10-15% en ciertos casos), bonificaciones por conducción eficiente vía apps o telemática, o ventajas por combinar pólizas (hogar, vida, auto) en la misma compañía. Incluso hay productos que premian cargar con energías renovables o apoyan la instalación de la wallbox con descuentos.
Por último, influyen los clásicos del seguro de coche: el perfil del conductor (edad, experiencia e historial), el código postal (siniestralidad de la zona), el tipo de cobertura (terceros, ampliado o todo riesgo) y los sistemas ADAS del vehículo (radares, cámaras, asistentes), que suelen mejorar el riesgo y pueden abaratar la prima.
Tendencias de precio por tipo de motorización
En el mercado español, los datos más recientes de comparadores apuntan a primas más competitivas para vehículos eléctricos e híbridos enchufables, con medias en terceros ampliado que rondan los 313 euros. El diésel escala hasta la zona de 331 euros y la gasolina, con menor coste medio, se mueve alrededor de los 266 euros. La demanda creciente y la mayor oferta de pólizas especializadas han propiciado esta rivalidad en precios.
Sin embargo, la percepción del conductor no siempre coincide con la realidad. Una parte significativa de los usuarios piensa que el seguro de un eléctrico cuesta entre 100 y 199 euros más al año que el de un coche de combustión. La explicación suele estar en el miedo a reparaciones caras y a la batería, así como en la novedad tecnológica, aunque los precios reales muestren señales de moderación.
En otros mercados europeos se observan matices: en Italia, por ejemplo, el precio medio de la RC para eléctricos ha resultado inferior al de gasolina/diésel, mientras que algunos estudios han detectado subidas selectivas en ciertas compañías debido a la valoración del riesgo de batería. La conclusión es que el contexto local y la competencia marcan mucho la tarifa.
Por su parte, OCU subraya que, pese a que un eléctrico suele tener menos mantenimiento preventivo por la ausencia de elementos como embrague o lubricación del motor, la póliza puede resultar más cara por el coste de alta tensión y por el precio de las celdas si hubiera que reemplazarlas. En el extremo, la reparación de una batería de gran autonomía podría acercarse a cifras muy elevadas, lo que empuja a algunas aseguradoras a declarar siniestro total para evitar una sustitución costosa.
En líneas generales, la tendencia apunta a una mayor convergencia en precio con el paso del tiempo, por la madurez del mercado, el abaratamiento tecnológico y la disponibilidad de datos; pero siguen existiendo diferencias por marca, modelo, potencia y antigüedad.
Depreciación de los coches eléctricos: cómo estimarla y por qué importa al seguro
La depreciación es el “elefante en la habitación” del TCO (coste total de propiedad). Para las aseguradoras es un vector de riesgo económico y, para el propietario, un factor decisivo de coste. Durante años, la industria ha debatido cómo modelizar el valor residual de un eléctrico frente a un híbrido o un coche de gasolina, sin consenso absoluto.
El motivo es la incertidumbre sobre la longevidad de la batería, su coste de sustitución y el comportamiento del mercado de segunda mano. Este último se está estabilizando, pero aún conviven eléctricos que aguantan bien el paso del tiempo con otros cuyo valor cae más deprisa, según marca, capacidad útil y salud de batería (SoH) verificada.
Al comprar de segunda mano, muchos conductores comparan opciones como un Lexus CT200h (híbrido no enchufable conocido por su retención de valor) frente a un eléctrico accesible como un Hyundai Ioniq 28 kWh. Es razonable pensar que, tras bajar de precio a niveles de 10.000 euros, el margen para seguir perdiendo valor podría ser menor en ciertos eléctricos; no obstante, la realidad del mercado manda y conviene mirar datos de ventas recientes y kilometraje.
Para estimar la depreciación de un usado eléctrico, resulta útil comprobar la garantía de batería vigente (años y km), el estado de salud medido, la existencia de historial de carga (siempre que sea posible) y la disponibilidad de recambios. Un eléctrico con buena autonomía real, con batería cuidada y con red de servicio sólida suele retener mejor el valor.
Las aseguradoras, a falta de series históricas largas, tienden a ser prudentes. Cuando el coste de reparar supera cierto umbral del valor del coche, la opción de declarar el siniestro total aparece antes que en modelos térmicos. En baterías de gran capacidad, una reparación puede escalar hasta decenas de miles de euros, condicionando la decisión del perito y la indemnización final.
También conviene considerar el precio por el que aseguras el coche. En mercados donde hay incentivos a la compra, hay quien tiende a pensar en el coste “neto” pagado; pero ante una pérdida total, el valor de referencia es el PVP de fábrica (MSRP), no el importe tras ayudas. Cotizar sobre el PVP evita sorpresas si se requiere reemplazar el vehículo por otro equivalente.
Cómo pagar menos sin renunciar a coberturas clave
Hay varias palancas para optimizar la prima. Primero, describe con precisión tu kilometraje anual esperado: una cifra realista ayuda a ajustar el precio. Segundo, compara siempre entre varias compañías y revisa las condiciones específicas para eléctricos, porque los paquetes y descuentos cambian a buen ritmo.
Tercero, valora fórmulas de uso como conducción limitada (si el coche se usa poco) o instalar telemática/caja negra: en algunos perfiles, la rebaja puede ser significativa. Cuarto, considera pagar una franquicia para rebajar la prima si te cuadra asumir parte del coste por siniestro.
Quinto, apuesta por seguridad activa y pasiva: los ADAS, las alarmas o el aparcamiento en garaje cerrado ayudan a reducir riesgo y precio. Sexto, cursar una formación de conducción avanzada puede aportar descuentos en algunas compañías, además de mejorar tus habilidades al volante.
Séptimo, evita añadir a la póliza conductores con alto riesgo (muy noveles o con siniestralidad), salvo que sea imprescindible. Y octavo, agrupa pólizas (hogar, vida, auto) en la misma aseguradora, una táctica clásica que sigue generando bonificaciones por volumen.
Aseguradoras y propuestas destacadas
En el mercado español hay opciones interesantes. MAPFRE ha creado modalidades específicas para electrificados (como Impulso y Equilibrio), con batería y cargador protegidos, y una asistencia integral que contempla grúa por descarga. Es una oferta sólida, aunque en versiones estándar el cable puede requerir contratación adicional.
AXA se posiciona con primas competitivas y coberturas razonables en su modalidad base, con su enfoque Eco Kit para vehículos eléctricos. Mutua Madrileña destaca por priorizar la asistencia específica para eléctricos, aunque con precios que tienden a ser más altos y con la cobertura del cable de recarga fuera del paquete estándar en algunos casos.
Allianz adapta sus pólizas generales con garantías útiles: asistencia por batería descargada con recarga móvil y protección para la estación de carga doméstica, con una relación precio-cobertura atractiva. Reale ofrece soluciones para eléctricos e híbridos enchufables con indemnización por robo del cable, un punto sensible por su exposición.
Cierra el abanico Zurich, que combina buen precio con red de talleres amplia y protección de batería y cable. Como extra, contempla el reembolso de carga pública si la wallbox de casa falla y necesitas recurrir a un punto externo. Si prefieres delegar la búsqueda, un corredor especializado puede comparar opciones y perfilar la póliza más adecuada para tu caso.
Preguntas rápidas sobre seguro de coche eléctrico
¿Sale más caro que un térmico? Depende del mercado y coberturas. En España, el terceros ampliado para eléctricos e híbridos enchufables ronda los 313 euros de media, con la gasolina más barata (alrededor de 266 euros) y el diésel algo más caro (en torno a 331 euros). En Italia, se han registrado primas medias de RC inferiores a las de combustión. Aun así, hay estudios que señalan que, de media, el seguro del eléctrico puede resultar más alto por costes de batería y mano de obra.
¿Qué debe cubrir la batería? Daños de accidente, sobretensiones, cortocircuitos e incendios. Las pólizas más completas fijan límites altos de indemnización e incluyen periodos de valor de nuevo para evitar depreciación al principio de la vida útil.
¿La asistencia por descarga está incluida por defecto? Normalmente se contrata como cobertura adicional. Debe operar desde kilómetro cero y contemplar recarga móvil o remolque hasta el punto de carga más cercano.
¿Cubre el cable y la wallbox? Solo si se añade la garantía específica. Hay productos que reembolsan el robo o daño del cable y protegen la estación doméstica frente a incidencias eléctricas y vandalismo.
¿Puedo reparar en cualquier taller? Muchas pólizas para eléctricos exigen talleres autorizados o especializados en alta tensión, lo que garantiza procedimientos seguros y uso de piezas originales.
Nota editorial: ciertos incentivos fiscales, exenciones y ayudas varían por país y región. En algunos territorios europeos existen exenciones de impuestos a la matriculación o circulación de eléctricos durante periodos determinados; verifica siempre la normativa local vigente.
Todos estos elementos dibujan un panorama en el que el seguro de coche eléctrico ya compite en precio con buena parte de las opciones térmicas, sobre todo en terceros ampliado, y en el que las coberturas específicas (batería, asistencia por descarga, cable y wallbox, ciber y talleres certificados) resultan determinantes. Con una elección bien comparada, ajustes inteligentes de uso y seguridad, y una mirada atenta a la depreciación y al valor de nuevo, es posible proteger el vehículo sin disparar la prima y, a la vez, mantener a raya el coste total de propiedad.

