Tutoriales sobre ahorro de energía: guía completa para gastar menos

Última actualización: enero 28, 2026
Autor: Pixelado
  • Combinar cursos online, tutoriales y buena información ayuda a entender mejor el consumo energético y a tomar decisiones más acertadas.
  • Revisar la tarifa de luz, mejorar el aislamiento, ajustar el agua caliente y evitar el modo espera reduce notablemente la factura.
  • El uso eficiente de aparatos eléctricos y la posible instalación de sistemas fotovoltaicos permiten ahorrar dinero y emisiones de CO2.
  • Sumar hábitos cotidianos de eficiencia con tecnologías adecuadas genera hogares más confortables, económicos y sostenibles.

Tutoriales sobre ahorro de energía

Si te has propuesto pagar menos en la factura de la luz y del gas pero no sabes por dónde empezar, no eres la única persona. Entre tarifas, ofertas, modos de ahorro y nuevas tecnologías, es fácil hacerse un lío y acabar dejando el tema para otro día… mientras el contador sigue corriendo. La buena noticia es que, combinando buena información, pequeños gestos en casa y algunos tutoriales bien elegidos, se puede recortar bastante el consumo sin perder confort.

En las siguientes líneas vas a encontrar un recorrido muy completo por tutoriales, cursos, trucos prácticos y tecnologías que te ayudan a gastar menos energía en casa, en el trabajo e incluso cuando te mueves en coche. Vamos a ver desde cómo elegir mejor tu tarifa de luz hasta cómo aprovechar la energía solar, pasando por consejos sencillos de agua caliente, aparatos eléctricos, aire acondicionado o certificación energética de edificios.

Tutoriales y cursos online para aprender a ahorrar energía

Una de las formas más cómodas de ponerse al día es aprovechar los cursos online gratuitos de ahorro energético que ofrecen instituciones especializadas. Un ejemplo muy potente es la plataforma e‑learning impulsada por el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) a través de la web aprendecomoahorrarenergia.es.

Esta plataforma se ha creado precisamente para informar, formar y concienciar sobre el uso responsable de la energía. Su objetivo es que cualquier persona, sin necesidad de conocimientos previos, pueda entender qué consume más en su día a día y qué cambios tienen más impacto tanto en el bolsillo como en el medio ambiente.

Desde este entorno e‑learning se impulsa una participación muy activa: se anima a que el alumnado adopte hábitos sostenibles en casa, en el puesto de trabajo y al conducir. No se queda solo en teoría; las propuestas se enfocan a acciones concretas para reducir consumos en todas esas facetas de la vida cotidiana.

Además de los hábitos diarios, la plataforma ofrece información técnica y divulgativa sobre certificación energética de edificios, autoconsumo eléctrico y funcionamiento de las Smart Cities. Por ejemplo, se explican cuestiones como la eficiencia del alumbrado exterior o la integración de energías renovables en los entornos urbanos, de manera que se entienda cómo influye todo esto en nuestro día a día y en la factura energética global.

En la actualidad, el portal dispone de 11 cursos completamente gratuitos que se realizan a través de Internet. No hay que desplazarse, basta con registrarse y seguir los contenidos a tu ritmo. Esta formación se ha ido consolidando con el tiempo y, desde 2010, ya se han impartido más de 40.000 cursos, lo que da una idea del interés creciente por el ahorro de energía.

Cada uno de estos cursos incluye material multimedia, un documento en PDF descargable con el contenido clave y una autoevaluación final. Esta prueba sirve para que la propia persona que realiza el curso pueda comprobar cuánto ha aprendido, identificar lagunas y repasar los conceptos más importantes antes de aplicarlos en su casa o trabajo.

Otro punto interesante es que la plataforma distingue entre perfiles de usuario y ofrece un acceso específico para empleados públicos (Administración General del Estado, comunidades autónomas y entidades locales) y otro para el resto de la ciudadanía. De este modo, se puede adaptar mejor el enfoque de los contenidos a las necesidades de cada colectivo.

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Conviene tener claro que se trata de formación no reglada y sin reconocimiento oficial. Es decir, no se entregan certificados válidos a efectos académicos o profesionales. Aun así, son recursos muy útiles para cualquiera que simplemente quiera entender mejor su consumo y reducirlo.

Junto a los cursos, la plataforma también alberga una sección con artículos especializados donde se abordan temas como el hidrógeno y el almacenamiento energético, nuevas campañas de comunicación del IDAE o diferentes guías técnicas. Son lecturas recomendables si quieres ir un paso más allá y profundizar en tendencias y tecnologías relacionadas con la transición energética.

Recursos de eficiencia energética

Tarifas de luz: primer paso para empezar a ahorrar

Antes de lanzarte a cambiar bombillas o comprar electrodomésticos nuevos, merece la pena revisar qué tarifa eléctrica tienes contratada y si realmente encaja con tu manera de consumir. Contratar una nueva tarifa puede parecer un laberinto: tipos de precio, franjas horarias, permanencias, descuentos temporales… y una letra pequeña que a veces asusta.

El problema es que, sin la información adecuada, es fácil quedarse con la primera oferta llamativa sin comprobar alternativas. Por eso, cuando pienses en cambiar de tarifa, conviene analizar algunos puntos clave: potencia contratada, si te interesa o no la discriminación horaria, qué parte del consumo haces de día o de noche y qué servicios adicionales (como mantenimiento) pueden estar encareciendo tu factura sin que los estés usando.

Una buena práctica es utilizar comparadores fiables o seguir tutoriales que expliquen paso a paso cómo leer la factura y cómo interpretar cada concepto. De esa manera, sabrás si te sobra potencia, si estás pagando de más en horas punta o si te conviene mantenerte en una tarifa estable para no estar pendiente del reloj continuamente.

También es recomendable valorar si tu proveedor actual ofrece condiciones transparentes y sin sorpresas en el precio de la energía. Muchas veces se anuncian grandes descuentos durante unos meses, pero después la tarifa se dispara y lo que parecía un chollo acaba saliendo caro.

Trucos caseros para mejorar la eficiencia en el hogar

Más allá de las tarifas, gran parte del ahorro real viene de pequeños cambios en la forma de usar la energía en casa. En los últimos años, el incremento del coste del gas y la electricidad se ha notado especialmente en invierno, cuando más se dispara la calefacción y el agua caliente. El contexto internacional, con la guerra de Ucrania como telón de fondo, ha contribuido a elevar los precios y a que muchas familias miren con preocupación lo que van a pagar cada mes.

En este escenario, hay millones de personas que sufren pobreza energética, es decir, que no pueden hacer frente con normalidad al coste de calentar su vivienda o cubrir necesidades básicas de luz y gas. Por eso, todo gesto que reduzca consumo sin comprometer la salud ni el bienestar cobra una importancia enorme.

En conversaciones prácticas sobre hogar organizado y bienestar, como las que mantiene la organizadora profesional María Leániz con especialistas en vivienda saludable, se insiste mucho en localizar los principales puntos por donde se escapa la eficiencia energética. Hablamos de malos aislamientos, ventanas con fugas, puertas sin burlete, aparatos viejos que consumen demasiado o rutinas poco eficientes (como ventilar con la calefacción a tope).

Entre los consejos que suelen destacar los expertos está el de revisar el aislamiento térmico de la vivienda. Algo tan sencillo como instalar burletes en puertas y ventanas, corregir rendijas o colocar cortinas gruesas puede ayudar a retener mejor el calor interior en invierno y mantener el frescor en verano, reduciendo el trabajo de la calefacción y del aire acondicionado.

Si tu presupuesto lo permite, merece la pena considerar pequeñas reformas enfocadas a la eficiencia: sustituir ventanas antiguas por modelos de doble acristalamiento, mejorar el aislamiento de paredes o techo, cambiar una caldera muy antigua por un sistema más eficiente o instalar termostatos programables. Aunque suponen una inversión inicial, a medio y largo plazo aportan un ahorro notable y una mayor comodidad.

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En el día a día, también es clave adquirir rutinas sencillas pero constantes: apagar las luces al salir de una habitación, aprovechar al máximo la luz natural, no tapar los radiadores con muebles o ropa, cocinar varias cosas a la vez en el horno para aprovechar el calor o usar programas eco en lavadoras y lavavajillas. Son gestos que, sumados, reducen la factura sin que apenas lo notes en tu nivel de confort.

Agua caliente sanitaria: ajustes que marcan la diferencia

Poca gente es consciente de que una porción importante del consumo energético del hogar se va en calentar agua. Aproximadamente, en muchos hogares el agua caliente sanitaria puede rondar una cuarta parte del total de energía utilizada, así que no es un tema menor.

Un primer gesto muy efectivo es regular adecuadamente la temperatura del agua caliente. Si el equipo de producción de ACS (agua caliente sanitaria) está ajustado a temperaturas demasiado altas, se desperdicia energía y, además, puede generar riesgos de quemaduras. Un rango moderado, en torno a la franja de los 30 a 35 ºC para el agua de uso habitual, suele ser suficiente para duchas y lavabos, sin necesidad de mezclar tanta agua fría.

Otra medida muy interesante es instalar perlizadores o aireadores en los grifos. Estos pequeños dispositivos se colocan en la salida del agua y mezclan aire con el caudal, de forma que la sensación de cantidad es similar, pero realmente sale menos agua. De este modo se puede llegar a reducir el consumo de agua de cada grifo hasta en torno a un 60 % en algunos casos.

Esta reducción de caudal no solo implica gastar menos litros de agua, sino que también se disminuye la energía necesaria para calentarla. Si en casa utilizas un termo eléctrico, una caldera de gas o cualquier otro sistema para obtener agua caliente, consumir menos litros supone menos tiempo de funcionamiento del equipo y, por tanto, menos gasto en electricidad o combustible.

Combinando una temperatura razonable con estos elementos ahorradores, y sumando hábitos como duchas más cortas y cerrar el grifo mientras te enjabonas, se puede conseguir un recorte importante del coste asociado al agua caliente sin renunciar a la comodidad.

Ahorro de electricidad: pequeños cambios, gran impacto

La electricidad tiene un peso menor que la calefacción y el agua caliente en el consumo total de muchos hogares, pero sigue siendo un campo con un enorme potencial de ahorro económico y ambiental. El precio del kWh eléctrico ha ido subiendo en los últimos años y, además, gran parte de la generación eléctrica todavía depende de combustibles fósiles como el carbón o el gas, que emiten CO2 cuando se queman.

Reducir el consumo eléctrico, por tanto, no solo te ayuda a bajar la factura mes a mes, sino que también contribuye a mitigar el impacto climático asociado a la producción de energía. Y lo mejor es que muchas de las medidas de eficiencia eléctrica son muy sencillas de aplicar.

Una primera acción típica, pero que se sigue olvidando, es apagar completamente los aparatos en lugar de dejarlos en modo espera. Televisores, equipos de música, ordenadores, consolas y otros dispositivos siguen consumiendo electricidad cuando están en stand-by, aunque no los estés utilizando activamente.

Para facilitar esta tarea, puede ser muy útil recurrir a regletas con interruptor. Con ellas puedes conectar varios aparatos y apagarlos de golpe con un solo gesto al salir del salón o antes de irte a dormir, cortando el suministro y evitando que se queden consumiendo silenciosamente toda la noche.

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Otro punto donde se escapa mucha energía es la climatización de verano. Los aires acondicionados convencionales pueden ser equipos muy intensivos en consumo eléctrico, sobre todo si se usan muchas horas seguidas durante las olas de calor. Si los empleas varios días al año, el gasto acumulado al final de la temporada se nota.

Como alternativa, en algunas viviendas resulta interesante valorar bombas de calor con función de refrigeración. Estos sistemas permiten calentar las estancias de forma eficiente en invierno y enfriarlas en verano, aprovechando la misma instalación. Aunque requieren un análisis previo y una inversión inicial, suelen ofrecer un rendimiento energético superior a otros sistemas, especialmente si se combinan con buenas prácticas de aislamiento y ventilación.

Además del uso de aparatos, la elección de iluminación eficiente con tecnología LED, la compra de electrodomésticos con etiqueta de alta eficiencia y el aprovechamiento de la luz natural siempre que sea posible son formas muy directas de recortar el consumo eléctrico sin renunciar al confort.

Generar tu propia energía: autoconsumo y fotovoltaica

En paralelo al ahorro, cada vez gana más fuerza la idea de producir parte de la electricidad que consumes. En los últimos años, las instalaciones fotovoltaicas para viviendas se han abaratado y se han vuelto más accesibles, hasta el punto de que muchas empresas se acercan a los particulares ofreciendo paneles solares para sus tejados.

Esto lleva a preguntarse si se trata de simples cantos de sirena o de una alternativa realmente eficiente, tanto económica como ambientalmente. La realidad es que, bien dimensionado y ubicado, un sistema fotovoltaico puede reducir significativamente la dependencia de la red, recortar la factura y disminuir las emisiones asociadas a tu consumo.

Los sistemas fotovoltaicos domésticos existen en diferentes configuraciones y potencias, adaptándose a tejados de tamaños y orientaciones variadas. Cuando la cubierta tiene una orientación y un sombreado adecuados, la instalación puede hacerse de forma relativamente rápida, con un plazo de amortización razonable según la zona y el patrón de consumo.

La electricidad que generan estos paneles se puede inyectar en la red eléctrica, recibiendo una compensación económica por los excedentes, o bien autoconsumirla directamente en la vivienda, por ejemplo para instalar un cargador doméstico. Cuanta más energía generada se consuma en el propio hogar durante las horas de sol, mayor suele ser el ahorro obtenido.

La clave está en analizar, preferiblemente con ayuda de profesionales, qué tipo de instalación encaja con tu perfil: consumo habitual, superficie disponible, inversión que puedes asumir y expectativas de ahorro. Para algunas personas, sobre todo con tejados bien orientados y un uso intensivo de electricidad durante el día, puede ser una solución muy interesante; para otras, quizá sea mejor empezar reforzando primero la eficiencia y valorar la fotovoltaica más adelante.

En cualquier caso, combinar buenos hábitos de ahorro con tecnologías de autoconsumo permite avanzar hacia hogares más sostenibles, menos vulnerables a las subidas de precios y con una huella ambiental mucho menor.

Con todos estos recursos sobre la mesa —cursos online, ajustes de tarifa, trucos de uso diario, mejoras de aislamiento, control de agua caliente, eliminación de consumos fantasma y opciones de energía solar— dispones de un abanico amplio para aprender, planificar y aplicar cambios reales en tu casa. A base de información clara, tutoriales bien explicados y un poco de constancia, es posible ir notando cómo la factura se reduce y la forma de usar la energía se vuelve mucho más consciente, alineando tu bienestar con el cuidado del planeta.

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