- Uber, WeRide y Avomo han obtenido el primer permiso de la DGT para testear vehículos autónomos de Nivel 4 en Madrid.
- El proyecto comenzará con una flota de 20 vehículos GXR que contarán con un supervisor humano para garantizar la seguridad.
- Madrid aspira a ser el laboratorio pionero de movilidad autónoma en la Unión Europea, sirviendo de referente regulatorio.
Imagínate abrir la aplicación de siempre en tu móvil, pedir un trayecto y que, al llegar el coche, te des cuenta de que no hay nadie al volante. Lo que hace unos años parecía una escena sacada de una película de ciencia ficción está a la vuelta de la esquina en la capital española. Madrid se prepara para dar un salto tecnológico impresionante y convertirse en el epicentro de la movilidad del futuro en el continente europeo.
La ciudad no quiere quedarse atrás en esta carrera y ha decidido jugar fuerte, posicionándose como un laboratorio vivo de robotaxis. Gracias a una alianza estratégica y al visto bueno de las autoridades, estamos a punto de ver cómo los sensores y la inteligencia artificial empiezan a gestionar el tráfico de nuestras calles, prometiendo una transformación radical en la manera en que nos movemos de un punto A a un punto B.
El acuerdo que pone en marcha los motores

La noticia ha caído como un bombo: una coalición formada por el gigante Uber, la tecnológica china WeRide y la empresa Avomo (del grupo Moove Cars) ha conseguido la primera licencia otorgada por la Dirección General de Tráfico (DGT) en España. Este permiso es la llave que abre la puerta para preparar un servicio de taxis autónomos que, según los planes, empezará a operar en Madrid. El objetivo es claro: aprovechar el marco regulatorio ES-AV para que España no sea un mero espectador, sino un protagonista de la conducción automatizada.
Para que esto funcione, no se lanzarán miles de coches de golpe. El proyecto arranca con una fase de pruebas muy controlada mediante 20 vehículos autónomos GXR de WeRide. En este primer paso, los coches se dedicarán principalmente al mapeo detallado de las vías, la validación de rutas específicas y una serie de test operativos. Es fundamental que el sistema aprenda a convivir con el caos habitual de la capital antes de ofrecer el servicio al gran público.
¿Cómo funcionan estos vehículos y qué seguridad ofrecen?

Si hablamos de técnica, nos encontramos ante vehículos de conducción autónoma de Nivel 4, lo que se conoce como alta automatización. Esto significa que el coche es capaz de gestionar todo el viaje sin que el humano tenga que mover un dedo, siempre y cuando se encuentre dentro de las zonas delimitadas y bajo ciertas condiciones. El coche debe ser capaz de resolver cualquier imprevisto de forma segura por sí mismo.
A pesar de esta autonomía, la seguridad es lo primero. Por eso, durante la etapa inicial, todos los vehículos llevarán a bordo a un supervisor humano que estará atento a cualquier detalle. El modelo elegido es el GXR de WeRide, que utiliza como base el Geely YuanCheng Super Van, un vehículo eléctrico chino que ya ha demostrado su eficacia en ciudades como Abu Dabi, Beijing o Guangzhou. Para orientarse, estos coches no solo usan cámaras, sino también sensores LiDAR, que crean un mapa tridimensional del entorno mediante láseres en tiempo real.
Madrid frente al resto del mundo y Europa

Mientras que en Estados Unidos ciudades como Phoenix, San Francisco o Austin ya tienen robotaxis integrados en su rutina, en Europa la cosa iba más lenta. Sin embargo, Madrid quiere adelantarse a Londres y otras capitales. El hecho de que el modelo GXR obtenga su primera homologación nacional en la UE en España convierte a la región en un referente regulatorio. Si el experimento sale bien aquí, será mucho más fácil que estos coches se certifiquen y comercialicen en el resto de la Unión Europea.
No podemos olvidar que hay otros jugadores en el tablero. Waymo, la filial de Google, sigue siendo la referencia global, y Tesla ha sorprendido recientemente con su Cybercab, un vehículo diseñado específicamente para ser un robotaxi, sin volante ni pedales. Uber, por su parte, ha optado por una estrategia inteligente: en lugar de fabricar sus propios coches, se asocia con los mejores desarrolladores de software y hardware para integrar diversas tecnologías en su plataforma.
Impacto en la región y planes a futuro

La iniciativa no se limita solo al centro de la capital. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha señalado que el proyecto se extenderá también a municipios como Alcobendas, buscando reducir la siniestralidad vial gracias a la precisión de las máquinas. Se trata de un modelo de colaboración público-privada donde participarán desde operadores de flotas hasta representantes del sector del taxi, asegurando que la transición sea lo más fluida posible.
- Movilidad avanzada: Además de los robotaxis, Madrid impulsa autobuses autónomos en Leganés y la automatización de la línea 6 del Metro.
- Crecimiento del mercado: Se estima que para el año 2035 la flota mundial de robotaxis podría alcanzar los 3,6 millones de unidades.
- Estrategia de Uber: La compañía planea invertir más de 10.000 millones de dólares para liderar el transporte autónomo global hacia el final de la década.
La implementación progresiva de estas tecnologías promete no solo hacer los viajes más eficientes, sino también mejorar la seguridad vial, basándose en millones de kilómetros ya recorridos con éxito en otros países. Aunque todavía quedan pasos burocráticos y ajustes técnicos, la meta es que hacia finales de 2026 el servicio sea una realidad tangible para los madrileños.
La llegada de la alianza entre Uber y WeRide marca un antes y un después en la movilidad urbana de Madrid, transformando la ciudad en el primer gran laboratorio de robotaxis de Europa con vehículos de Nivel 4. A través de una fase gradual de mapeo y pruebas supervisadas por humanos, la capital española busca liderar la adopción de una tecnología que promete reducir accidentes y optimizar el transporte, apoyándose en la infraestructura regulatoria de la DGT y en una visión estratégica que posiciona a la región como el puente de entrada para la conducción autónoma en todo el continente.