- Aprende a reconocer los tipos de sitios web falsos y maliciosos y las señales que los delatan.
- Usa siempre conexiones HTTPS, revisa dominios, avisos legales y reputación antes de compartir datos.
- Desconfía de correos o SMS urgentes y accede a bancos o administraciones sólo desde sus webs oficiales.
- Refuerza tu seguridad con autenticación multifactor, filtros antiphishing y análisis periódicos de malware.
En Internet hay de todo: desde páginas totalmente fiables hasta auténticas trampas diseñadas para robarte datos o colarte virus. Aprender a evitar sitios web falsos y peligrosos se ha convertido en una habilidad básica si quieres navegar tranquilo, proteger tu dinero y mantener a salvo tu información personal y usar extensiones de navegador seguras.
Los ciberdelincuentes no dejan de innovar: imitan a bancos, tiendas online, redes sociales, servicios de mensajería o incluso a la Agencia Tributaria. Conocer las señales de alarma, entender cómo funcionan estos fraudes y usar bien las herramientas de seguridad marca la diferencia entre pinchar en el enlace equivocado… o esquivarlo a tiempo.
Qué es un sitio web falso o malicioso
Cuando hablamos de webs peligrosas, nos referimos a cualquier página diseñada para hacer daño al usuario de una u otra forma. Un sitio web malicioso puede intentar robar datos, vaciarte la cuenta bancaria o infectar tu dispositivo con malware mientras tú crees que estás usando un servicio normal.
La mayoría de estas páginas se parecen mucho a webs legítimas: copian logotipos, colores corporativos y hasta el tono de comunicación de marcas muy conocidas, como bancos, tiendas de comercio electrónico, empresas de mensajería o administraciones públicas. A simple vista pueden parecer auténticas.
En términos generales, podemos agrupar estos sitios en dos grandes bloques: los que buscan tu dinero o tus datos directamente (fraudulentos o de phishing) y los que reparten malware aprovechando cualquier excusa para que hagas clic o descargues algo.
Además de los fraudes individuales, hay webs que ofrecen un servicio aparentemente real (por ejemplo, páginas de streaming pirata o de contenido para adultos) pero que, por debajo, aprovechan cada visita para mostrar anuncios maliciosos, intentar instalar software no deseado o redirigirte a otras páginas peligrosas.

Principales tipos de sitios web falsos y peligrosos
No todas las webs fraudulentas funcionan igual ni persiguen exactamente lo mismo. Entender los tipos más habituales te ayuda a identificarlas de un vistazo y a desconfiar cuando algo no cuadra.
Sitios de phishing y webs fraudulentas
Normalmente, estas webs no aparecen por arte de magia en tu navegador, sino que llegas a ellas desde un correo electrónico, SMS, mensaje en redes sociales o incluso un anuncio engañoso. El mensaje suele incluir una excusa convincente: un problema con tu cuenta, un paquete retenido, un reembolso de impuestos, una oferta exclusiva o una supuesta alerta de seguridad.
Cuando haces clic en el enlace, aterrizas en una página que parece real, con formularios muy cuidados y logotipos oficiales. En cuanto escribes tu usuario, contraseña, número de tarjeta o cualquier otro dato sensible, la información va directa a manos del estafador, que podrá usarla para robarte dinero, suplantar tu identidad o venderla en la dark web.
Junto a los sitios clásicos de phishing, existen también webs fraudulentas que se centran únicamente en sacarte dinero sin complicarse con credenciales. Pueden anunciar productos inexistentes, loterías falsas, falsas ofertas de trabajo de pago previo o servicios que nunca se prestan una vez realizado el cobro.
Estas páginas se disfrazan muchas veces de tiendas de marcas conocidas, copiando hasta el último detalle de su diseño. Un ejemplo típico son los clones de grandes marketplaces o de marcas de electrónica, moda o deporte con precios irresistibles que jamás llegan a enviarte nada o te mandan un producto de pésima calidad.
Tiendas online falsas y chollos imposibles
Uno de los fraudes más comunes hoy en día son las tiendas online falsas. Se montan con plantillas muy vistosas, fotos robadas de otras webs y precios muy por debajo del mercado. Su objetivo es que veas el chollo, pagues rápido y no vuelvas a saber nada de ellos.
Estas webs suelen carecer de información clara de contacto, avisos legales mínimos o condiciones de devolución realistas. Si no hay dirección física verificable, teléfono estable o datos de empresa contrastables, la desconfianza debería saltar de inmediato.
También es habitual que no tengan presencia sólida en redes sociales o que sus perfiles sean muy recientes y con pocas interacciones reales. Un vistazo rápido a los comentarios de otros usuarios y a foros de opinión puede sacarte de dudas en cuestión de minutos.
Falsas ofertas de trabajo y webs de procesos de selección
Otro gancho clásico son las páginas que prometen empleos bien pagados, desde casa o con condiciones casi irreales. Muchas de estas webs piden que rellenes formularios muy extensos con datos personales, copias de documentos o incluso que hagas pagos por adelantado para supuestos cursos, material o trámites administrativos.
En estos casos, lo que buscan es tanto tu información como tu dinero. Una empresa seria nunca te obligará a pagar por participar en un proceso de selección ni te pedirá contraseñas o códigos de seguridad para optar a un puesto de trabajo.
Páginas de soporte técnico falso
Las webs de soporte técnico fraudulento aprovechan el miedo del usuario a tener el ordenador infectado. Normalmente aparecen tras una ventana emergente que grita que tu equipo tiene virus, que tu conexión no es segura o que tu sistema será bloqueado si no haces algo inmediato.
Muchas de estas páginas muestran supuestos teléfonos de ayuda o botones para descargar una “herramienta de limpieza”. Si llamas, intentarán que instales programas de control remoto o que pagues por servicios innecesarios; si descargas, probablemente introduzcas malware en tu dispositivo.
Sitios que reparten malware, descargas ocultas y cryptojacking
Además de las webs que buscan tus datos o tu dinero directamente, hay otra familia igual de peligrosa: sitios que intentan instalar malware en tu equipo o usar sus recursos sin tu permiso. A veces lo hacen a través de descargas aparentes, y otras, sin que toques nada.
Un caso muy habitual son las páginas que ofrecen supuestos programas gratuitos, versiones pirata de software de pago, generadores de claves o contenidos muy demandados. El archivo que descargas no es lo que promete, sino un troyano, un spyware o incluso ransomware capaz de cifrar tus archivos y pedirte un rescate.
También hay webs que abusan de scripts maliciosos. En algunos casos, basta con entrar en la página para que se ejecute código que explota vulnerabilidades del navegador o de algún complemento, instalando malware sin que hagas clic en ningún botón. A este tipo de ataque se le conoce como “descarga oculta” o drive-by download.
Otra práctica cada vez más extendida es el cryptojacking: el sitio inserta un script que utiliza la potencia de tu CPU o GPU para minar criptomonedas mientras tú navegas. Quizá no robe tus datos, pero notarás el dispositivo muy lento, el ventilador disparado y un consumo energético extraño.
Si tu ordenador o móvil ha empezado de repente a ir a pedales al visitar ciertas páginas, o el uso de procesador se dispara sin explicación, puede que alguna web esté intentando aprovechar tus recursos de forma silenciosa. En ese caso, cerrar la pestaña y analizar el equipo con un buen antivirus es una buena idea.
Cómo funcionan las advertencias de seguridad del navegador (Chrome y otros)
Los navegadores modernos, como Google Chrome, incorporan mecanismos de protección para ayudarte a esquivar este tipo de amenazas. En el caso de Chrome, la función clave es Navegación Segura, que viene activada por defecto y se basa en listas de sitios peligrosos que se actualizan constantemente.
Cuando entras en una página que ha sido identificada como phishing, malware, software dañino o ingeniería social, Chrome puede mostrar una pantalla roja con un mensaje del tipo “Sitio peligroso”. Ese aviso indica que el sitio ha sido marcado como potencialmente dañino y que lo más prudente es no continuar.
Además de la protección estándar, Chrome ofrece un modo de Navegación segura mejorada, que permite detectar amenazas nuevas con más rapidez y avisarte prácticamente en tiempo real. Este nivel envía información adicional sobre tu navegación a Google para reforzar la detección de ataques.
Aunque es posible desactivar estas protecciones y usar el navegador sin filtros, no es nada recomendable. Si desactivas la Navegación segura te quedas sin la capa de defensa que te alerta de muchos sitios maliciosos conocidos, lo que aumenta considerablemente los riesgos.
Ten en cuenta también que, si usas Chrome en el trabajo o en un centro educativo, es posible que tu organización haya configurado la protección contra phishing y malware y no te permita cambiar estos ajustes por tu cuenta, precisamente para mantener una política de seguridad uniforme.
Mensajes tipo “¿Querías decir…?” o “Sitio web falso” en Chrome
Además de las pantallas rojas de peligro, Chrome puede mostrarte mensajes del estilo “¿Querías decir ?”, “¿Es el sitio web correcto?” o directamente “Sitio web falso”. Estos avisos indican que la dirección a la que intentas acceder se parece sospechosamente a otra legítima que visitas con frecuencia.
Esto suele ocurrir con webs que intentan engañar usando dominios casi idénticos a los originales, cambiando una letra, añadiendo un número o usando subdominios raros. Por ejemplo, amaz0n.com, amaz.on o dominios muy parecidos a bancos conocidos.
Chrome compara la URL que intentas abrir con sitios de confianza y con tu propio historial de navegación. Si detecta un parecido sospechoso, te avisa por si has escrito mal la dirección o si el enlace al que has llegado intenta suplantar otra web que sí usas normalmente.
Si sabes exactamente a dónde quieres ir y tienes claro que no se trata de un engaño, puedes ignorar la advertencia y pulsar en “Sí, continuar”. Aun así, conviene revisar muy bien la barra de direcciones y asegurarte de que la web tiene la URL correcta y un certificado válido antes de avanzar.
Señales claras de que un sitio web puede ser falso o peligroso
No existe una única prueba infalible para saber si una página es fiable o no, pero sí hay una serie de pistas que, combinadas, te dan una imagen bastante clara. Cuantas más señales sospechosas veas, más razones tendrás para cerrar la pestaña y salir corriendo.
Un primer indicador es el estado de la dirección web. Comprobar que la URL empieza por HTTPS (y no sólo por HTTP) te indica que la conexión está cifrada. Esto no garantiza al 100 % que la web sea legítima, pero una página que maneja datos sensibles y no tiene HTTPS es, como mínimo, descuidada.
También conviene fijarse en el nombre de dominio. Dominios con faltas, letras cambiadas, números extraños o terminaciones inusuales (por ejemplo, dominios muy largos o llenos de guiones) son un clásico en webs fraudulentas que intentan parecerse a las originales sin serlo.
El contenido textual suele delatar a los estafadores. Errores ortográficos y gramaticales constantes, frases mal construidas o traducciones literales son comunes en páginas hechas deprisa y corriendo, sin un mínimo cuidado profesional.
Otro aspecto clave es el diseño. Un sitio que parece anticuado, con botones o enlaces rotos, banners invasivos y ventanas emergentes que saltan todo el rato apunta a una producción poco cuidada, típica de webs creadas sólo para engañar o distribuir malware.
Por último, e igual de importante, revisa el apartado legal. La ausencia de política de privacidad, aviso legal, condiciones de uso o información básica de la empresa (nombre social, CIF/NIF, dirección, medios de contacto) es una enorme bandera roja, sobre todo en tiendas online o servicios que procesan pagos.
Cómo comprobar si una tienda online es fiable
Antes de sacar la tarjeta o loguearte con tus datos bancarios, merece la pena dedicar un momento a investigar la página. Confirmar la veracidad de una tienda online puede ahorrarte muchos disgustos y reclamaciones imposibles.
Primero, asegúrate de que el sitio tiene certificado de seguridad SSL correctamente instalado, es decir, que el navegador no te muestra avisos de “sitio no seguro” y la dirección empieza por HTTPS. Si aparece una alerta de Google o del navegador indicando que la web no es segura, es el primer motivo para desconfiar.
Después, intenta localizar la sede física o, al menos, los datos empresariales básicos. Hoy en día es fácil comprobar si una empresa está registrada, buscar su razón social y verificar que la dirección y teléfonos son reales. Si no hay rastro de la empresa fuera de esa web, mal asunto.
Revisa también sus canales de comunicación: redes sociales con actividad real, opiniones de otros compradores, presencia en plataformas de valoración de comercios, etc. Una tienda sin rastro social o con perfiles recién creados y sin comentarios suele resultar sospechosa.
Por último, métele un poco de sentido común a los precios. Ofertas que parecen demasiado buenas para ser verdad, descuentos extremos en productos muy demandados o promociones con una urgencia exagerada son típicas de sitios fraudulentos que juegan precisamente con el gancho del chollo.
Correos, SMS y mensajes que te llevan a páginas falsas
La mayoría de los fraudes en la web no empiezan en el navegador, sino en tu bandeja de entrada o en tus mensajes del móvil. El phishing se basa casi siempre en envíos masivos de correos o SMS que suplantan la identidad de empresas, bancos o incluso de la Agencia Tributaria.
En el caso de la administración tributaria, por ejemplo, es frecuente que circulen mensajes sobre un supuesto reembolso de impuestos a tu favor. Te dicen que tienes dinero pendiente de devolución y te invitan a pulsar en un enlace para “confirmar datos bancarios”. La Agencia Tributaria, sin embargo, ha dejado claro que nunca pide por correo electrónico información confidencial, números de cuenta ni datos de tarjetas.
En general, es recomendable seguir unas pautas muy básicas con el correo electrónico: no abrir mensajes de remitentes desconocidos, no contestar a correos sospechosos y tener mucha precaución con los enlaces y archivos adjuntos, incluso si vienen de contactos que conoces (su cuenta puede haber sido comprometida).
Cuando dudes, lo mejor es no usar el enlace recibido y, en su lugar, escribir tú mismo la dirección oficial de la entidad en el navegador. Así evitas caer en páginas que sólo imitan el aspecto de la original. En accesos tan sensibles como la sede electrónica, comprueba siempre el certificado digital del sitio.
Buenas prácticas para protegerte de sitios web falsos
Además de aprender a “afinar el ojo”, hay una serie de prácticas que reducen enormemente las probabilidades de caer en una estafa. No se trata de vivir con miedo, sino de aplicar un poco de rutina de seguridad cada vez que navegas.
En primer lugar, forma parte de la buena higiene digital el desconfiar de cualquier mensaje o página que te exija actuar de inmediato. Las prisas son la mejor amiga del estafador: si un correo o una web te presiona para que cliques ya o pierdes algo, probablemente sea un timo.
Por otro lado, conviene acostumbrarse a no introducir nunca datos sensibles en páginas a las que has accedido desde enlaces de correos o SMS. Siempre que debas gestionar algo importante (banca, impuestos, compras de importe alto), entra manualmente en la web escribiendo la URL o usando marcadores que tú mismo hayas guardado.
La autenticación multifactor (MFA) es otra aliada clave. Si tus cuentas importantes piden un segundo factor (código en el móvil, app de verificación, biometría), aunque alguien robe tu contraseña en una web falsa, lo tendrá mucho más difícil para acceder.
Por último, apóyate en herramientas de seguridad: un buen antivirus actualizado, filtros antiphishing en el navegador y soluciones específicas para el correo electrónico pueden bloquear muchos intentos de ataque antes de que lleguen a tus ojos. Configura bien el filtro de spam y marca los mensajes sospechosos para que el sistema “aprenda”.
Qué hacer si entras (o crees haber entrado) en una web maliciosa
Si alguna vez haces clic sin querer en un enlace y aterrizas en un sitio que te parece sospechoso, lo primero es no entrar en pánico. Mientras no descargues nada ni introduzcas datos, el daño suele ser limitado, pero conviene actuar con rapidez y cabeza fría.
En el caso de webs que reparten malware, lo recomendable es cerrar inmediatamente la pestaña o el navegador y, si la cosa pinta muy rara, desconectar el equipo de Internet. A continuación, ejecuta un análisis completo con tu solución antivirus y sigue las instrucciones si detecta alguna amenaza.
Si crees que has caído en una página de phishing y has introducido información personal (usuario, contraseña, PIN, número de tarjeta, etc.), toca reaccionar rápido: cambia tus contraseñas desde un dispositivo distinto y, si hay datos financieros implicados, ponte en contacto con tu banco cuanto antes para bloquear o cancelar la tarjeta y revisar movimientos.
Además, es buena práctica marcar como spam el correo o mensaje desde el que llegaste a esa web, denunciar el sitio a tu proveedor de seguridad o al navegador y avisar, si procede, a la entidad suplantada (banco, administración, empresa). Así contribuyes a que otros usuarios no caigan en la misma trampa.
Con el aumento continuo de malware y fraudes online, y con millones de intentos de phishing detectados cada trimestre, ser consciente de los riesgos y dedicar unos segundos extra a revisar lo que haces en Internet se ha convertido en una medida básica de autoprotección. Navegar con ojo crítico, apoyarte en las herramientas de seguridad adecuadas y desconfiar de las prisas y de los chollos imposibles son, al final, las tres claves que más van a ayudarte a esquivar sitios web falsos y mantener tus datos a salvo.

